Los
campos de Andalucía, la encantadora serranía que tantas veces ha sido
inspiración depoetas, tierra de
olivares y de mosto, fue en los albores del siglo XIX, un campo minado y temido
por el peligro que encerraba. Eran tiempos de guerra con el invasor francés,
inestabilidad, hambre, miseria, campeaban por doquier. Es en ese tiempo que
surge casi de la nada la historia de un hombre que siendo casi un adolescente,
entra al mundo del bandolerismo y crea un estilo único que todavía nadie ha
podido imitar.
José
María Pelagio Hinojosa Cobacho, natural de Jauja, Córdoba, es el héroe
protagonista de cientos de anécdotas que constituyen una leyenda conocida
dentro y fuera de España.
No
se sabe a ciencias ciertas que originó su destino aventurero, mas de una
historia se teje sobre ello, lo cierto es que huye de la justicia al matar a un
hombre, se va al monte iniciando muy joven el bandolerismo, es su temprana edad,
lo que originaelapodo de “El Tempranillo”. Sus correrías lo convirtieron
en el famoso Robin Hood que robaba a los poderosos para dar a los pobres.
La
Andalucía de aquel tiempo era temida no solo por el peligro de sus caminos,
sino por la carencia de las cosas mas indispensables. El clima despiadado era
también un factor determinante para no desear arriesgarse. Abundaba la ley no
solo del mas fuerte, sino del mas inteligente y entre éstos destacaba por su
arrojo y suspicacia, El Tempranillo.
Se
cuenta que al despojar de una sortija a una dama, con sumo descaro le decía:
“Señora, una mano tan bella, no precisa de adorno”, besaba su mano,
mientras sigilosamente deslizaba del dedo la sortija. A la par que crecía su
fama de bandolero, se incrementaba su popularidad como benefactor de los pobres.
Tenía
El Tempranillo unos ojos agudos, de viveza extrema y unos labios apretados y
finos, su mano izquierda fue destrozada por la descarga accidental de una
pistola, siempre andaba a caballo. Como los bandidos famosos de las películas
era inalcanzable, se escabullía con gracia, rindiendo a sus perseguidores. Se
ofrecía una recompensa por su captura vivo, o muerto.
Como
todo bandolero que se “respeta”, tenía varias amantes, casó no obstante en
un pueblo de Cádiz con María Jerónima Francés, que murió en el parto de su
único hijo. Como un héroe espartano tomó el cadáver de su mujer y puso sobre
el caballo y atando el recién nacido a su faja, salió al galope del cortijo
donde vivía, desafiando el fuego de los Migueletes.
Ante
el poder insostenible de El Tempranillo, los ricos hacendados andaluces pidieron
la intervención del Rey Fernando VII, fue esa intervención que motivó el
indulto suyo y de su banda. Entregaron armas y caballos y cada uno marchó a su
casa.
Poco
tiempo disfrutó de su nueva misión de ayudar a regenerar bandidos, en el año
1833, otro José María puso fin a su vida disparándole a traición, todavía
con vida fue auxiliado, pero él pareció presentir su muerte, pidió ayuda
espiritual del Cura y dictó además su última voluntad ante un Escribano,
muriendo al día siguiente. Veintiocho años tenía, una vida en sus inicios que
muy temprano había empezado en los azares del bandolerismo
Desaparece
con El Tempranillo, el prototipo del auténtico bandolero generoso, cuyo mito
dejó unidas las provincias deSevilla,
Córdoba y Granada.
Dos
casas, dos caballos y algunos reales prestados que su hijo nunca recuperó, fue
el patrimonio dejado.