Opinión
   

MÁS ALLÁ DEL MAR, de Carmen Miuris Rivas 

PUERTA, APENAS UN ADIÓS

La muerte tiene el poder de conmocionarnos, ella siempre al acecho nos hace vulnerables, tiene la virtud de dejarnos estupefactos y sin palabras, o con tantas interrogantes sin respuestas atravesadas entre el llanto y la impotencia, que nos pone a la deriva del dolor.

22 años, una vida que apenas tomaba la senda de la adultez y sin embargo, es arrancada sin apenas tiempo para el adiós.

La vida suele a veces mostrarnos su faceta mas dura, esta vez trayendo de su mano a la parca onerosa, ha truncado un corazón que incipiente iniciaba su escalada de suspiros acallando el palpitar de sus latidos y cerrando los ojos que avizoraban triunfos y sin embargo, colgando del vacío, se ha quedado unas horas en un limbo existencial incierto para caer al fin en el éter de una nube lejana donde convertido en estrella, ha de seguir los pasos de su equipo.

Antonio José Puerta Pérez, con su equipaje de sueños, ha trascendido el umbral de la puerta del cielo y la ha cruzado guiado por las luces y plegarias de la multitud que llora su partida.

Sevilla, le ha visto caer desvanecido, le ha sentido luchar por vencer una vez mas, pero no luchaba esta vez contra el balón de un contrincante, y ha debido verle marchar en un final sin retorno.

Los grandes mueren en grande, Sevilla que le vio nacer y morir, seguirá recordándole eternamente en su posición, el escenario mas idóneo para emprender su camino hacia el final, no pudo ser otro que el propio campo de fútbol, demostrando así que daba hasta su último vestigio de energía a la gente que le amaba y aplaudía.

Las puertas del Estadio Sánchez Pizjuán, abiertas de par en par, verán entrar a Puerta que impulsará el balón pateado por sus compañeros haciéndoles saber que su espíritu, como paloma blanca que abate sus alas entre la multitud, continúa junto a ellos.

Nueve paros cardiorrespiratorios es un record que muestra una idea de su litis con la muerte.

Sin duda alguna, la Virgen Del Rocío, le acompañará en el difícil trance, no cabe duda de que la suavidad de sus manos, atenuaba la afiebrada frente del futbolista para que su cuerpo no sintiera los estragos del dolor físico.

Aunque parezca mentira, la muerte suele ser en estos casos una gran salvadora, la que liberando el alma del cuerpo, permite que cese el sufrimiento del que está postrado y que el dolor sin nombre de los que aguardan tras la puerta, se torne resignado y sereno.

En una dualidad que espanta por incomprendida, esta vez un designio indescifrable quita y da, arranca la existencia de Antonio Puerta y en apenas un mes, obedeciendo al milagro de la vida, arribará a las puertas del mundo, un ser engendrado por él, un hijo que quizás sea la continuación del padre, un hijo que sin adivinar que su padre días antes de su llegada, emprendió el viaje sin regreso hacia esa dimensión misteriosa, dentro de unos años, leerá tal vez sorprendido, o quizás indiferente, las crónicas que narran la historia de la gravedad y posterior muerte de su padre.

 Así es la vida, impredecible, a veces cruel y sorprendente, no nos deja otra alternativa que no sea la de acatar sus designios, aunque estos nos dejen marcados para siempre.

Desde lejos, como homenaje, dejo un lirio blanco perfumado que no marchitará y manteniendo su aroma que junto a su recuerdo caminará entre azahares, como su mirada luminosa y su sonrisa de niño ilusionado que vivirá por siempre en el corazón de los sevillistas.

 

30 de agosto de 2007