Opinión
   

MÁS ALLÁ DEL MAR, de Carmen Miuris Rivas 

OTOÑO Y NOSTALGIA

En la llegada del otoño.       

Oscurece de pronto, se ha marchado la tarde y tras una espesa cortina de nostalgia, aparece el crepúsculo con su carga de niebla. Al igual que el poeta, podría yo quizás escribir los versos más tristes esta noche.  Con la aquiescencia de la noche, esparciré una alfombra de suave terciopelo para cubrir la senda por donde en la alborada, llegará el visitante de la melancolía. 

El otoño se parece a la nostalgia, como ella es una gota intermitente que cae y  mientras lo hace, va entonando una tierna melodía que evoca colores ocres, aromas de pétalos disecados, a hojas amontonadas, a flores que se guardan para la  recordar.

El otoño  llega cabalgando a lomos de septiembre, vuela sobre las alas de mariposas amarillas que en sutil manada, se posan en el punto justo de la añoranza. Marca entre hilos dorados el camino que mañana será ayer y saca a flote el pasado envuelto en niebla que presagia invierno. Es un camino de ternezas que nos hace pródigos, desgranando la musa que  igual que un gusanillo corroe la imaginación y nos hace poetas.

Precursor de violáceos horizontes donde declina el sol, llegas sumergido en esculturas de hojas secas y anegado en manantiales de esperanza. Llegas avizorando repiques de campanas,  abrazos, manos entrelazadas,  miradas que se funden y besos que se escapan  de la cárcel de unos labios. Llegas otoño y en contra de la semántica, auguro en tu arribo la esperanza de un encuentro, realización de sueños, la ilusión de ser hoy todo lo que ayer no fuimos.

Es el tiempo apacible de las tardes arreboladas y nubes escarlata que cubren el cielo y lo pintan de dulce melancolía para entregarlo a la noche tapizado de estrellas, se habla del esplendor de la luna de octubre, sin embargo, nunca como en septiembre el panorama espacial es tan diáfano y poético.

Parece que el sol en los días otoñales, tamiza sus rayos y se cubre la tierra de un manto sutil que pinta de oro los sueños, dejando tatuados en el alma los recuerdos hermosos.

Primoroso otoño, preludio de la madurez, equinoccio donde la tierra y el sol se atraen y se aman más allá de las nubes en tórrida quimera.

Eres un duendecillo que pícaro penetras y te instalas intermitente y cálido, con tus tardes de temprano crepúsculo, con tu sol que refleja la mirada de una fiera en celo, me embrujaste y tejiste una trampa donde estoy cautiva, cercada de eslabones de recuerdos, abre ya ese candado y haz volar la distancia entre tus hojas secas. 

Tomados de la mano, caminaremos juntos convirtiendo utopía en realidad y siguiendo la huella que el sol va  dibujando, sin lejanías, sin mirar hacia atrás, aguardando el otoño para libar las mieles de las uvas maduras,  el mosto que embriagante nos regale la dicha de estar por siempre unidos.

¡Bienvenido seas otoño!

 

21 de septiembre de 2007