Oscurece
de pronto, se ha marchado la tarde y tras una espesa cortina de nostalgia,
aparece el crepúsculo con su carga de niebla. Al igual que el poeta, podría yo
quizás escribir los versos más tristes esta noche.Con la aquiescencia de la noche, esparciré una alfombra de
suave terciopelo para cubrir la senda por donde en la alborada, llegará el
visitante de la melancolía.
El
otoño se parece a la nostalgia, como ella es una gota intermitente que cae y mientras
lo hace, va entonando una tierna melodía que evoca colores ocres, aromas de pétalos
disecados, a hojas amontonadas, a flores que se guardan para la recordar.
El
otoño llega cabalgando a lomos de
septiembre, vuela sobre las alas de mariposas amarillas que en sutil manada, se
posan en el punto justo de la añoranza. Marca entre hilos dorados el camino que
mañana será ayer y saca a flote el pasado envuelto en niebla que presagia
invierno. Es un camino de ternezas que nos hace pródigos, desgranando la musa
queigual que un gusanillo corroe
la imaginación y nos hace poetas.
Precursor
de violáceos horizontes donde declina el sol, llegas sumergido en esculturas de
hojas secas y anegado en manantiales de esperanza. Llegas avizorando repiques de
campanas, abrazos, manos
entrelazadas,miradas que se funden
y besos que se escapan de la cárcel
de unos labios. Llegas otoño y en contra de la semántica, auguro en tu arribo
la esperanza de un encuentro, realización de sueños, la ilusión de ser hoy
todo lo que ayer no fuimos.
Es
el tiempo apacible de las tardes arreboladas y nubes escarlata que cubren el
cielo y lo pintan de dulce melancolía para entregarlo a la noche tapizado de
estrellas, se habla del esplendor de la luna de octubre, sin embargo, nunca como
en septiembre el panorama espacial es tan diáfano y poético.
Parece
que el sol en los días otoñales, tamiza sus rayos y se cubre la tierra de un
manto sutil que pinta de oro los sueños, dejando tatuados en el alma los
recuerdos hermosos.
Primoroso
otoño, preludio de la madurez, equinoccio donde la tierra y el sol se atraen y
se aman más allá de las nubes en tórrida quimera.
Eres
un duendecillo que pícaro penetras y te instalas intermitente y cálido, con
tus tardes de temprano crepúsculo, con tu sol que refleja la mirada de una
fiera en celo, me embrujaste y tejiste una trampa donde estoy cautiva, cercada
de eslabones de recuerdos, abre ya ese candado y haz volar la distancia entre
tus hojas secas.
Tomados
de la mano, caminaremos juntos convirtiendo utopía en realidad y siguiendo la
huella que el sol vadibujando, sin
lejanías, sin mirar hacia atrás, aguardando el otoño para libar las mieles de
las uvas maduras, el mosto que
embriagante nos regale la dicha de estar por siempre unidos.