Opinión
   

MÁS ALLÁ DEL MAR, de Carmen Miuris Rivas 

FUE UN AYER

Lejano, pero presente por su repercusión, navegó en la corriente de un océano que luego de ese descubrimiento, como para sumarse al acontecimiento,  hizo más leve su oleaje y aunque parezca una contradicción, porque los tiempos eran tumultuosos e inciertos, condujo a puerto seguro a los marineros que se sumaron a la aventura. Indudablemente fue sino el que más, uno de los momentos mas importantes del universo porque significó el encuentro de dos mundos totalmente diferentes,  que se fundieron en estrecho abrazo.

Se nos ocurre cotejar dos hechos,  el de Cervantes, creador del más atípico de todos los héroes, Don Quijote, protagonista de todas las derrotas, el ilustre fracasado que ante las limitaciones se adueñó de la quimera de marchar hacia su ideal y levantó como divisa, afrontar imposibles que terminan en fracaso y Colón al igual que el genio de Lepanto, concibió tal vez el mismo lema, con la diferencia de que su empresa fue coronada con el mas rotundo éxito. Hoy a más de cinco siglos de aquella proeza, todavía se cuestiona a ese grupo de hombres aguerridos que se lanzaron a explorar lo desconocido.  Cristóbal Colón, al igual que todos los grandes hombres humildes, careció de historia hasta que sus hechos revelaron su nombre. Procedente de Portugal, el futuro héroe del descubrimiento, arriba a España procedente de Portugal, el Monasterio de La Rábida lo albergó entre sus vetustas paredes y desde allí se las ingenia para ponerse en contacto con algunos  personajes  nobles de la Corte, entre los que destaca el Duque de Medinaceli.

El marinero contaba con la apreciada fama que sobre estudios cosmográficos y fiebre por los viajes  poseían los portugueses, esto contribuyó a que sus argumentos fuesen escuchados

El móvil de todo descubrimiento, debe ser descubierto alguna vez, éste sin embargo, no fue al decir de muchos entendidos en la materia un descubrimiento, aún así, como tal ha quedado y el continente  de la esperanza como suele llamársele, es sin duda un hijo  agradecido que mantiene intacto el cordón umbilical que le une a su madre nutricia.

Todo el país ibérico se cubrió con la gloria de las tierras descubiertas, no solo por ser el proveedor económico para dicha acción, sino también porque era  desde allí que partían las naves y fueron españoles quienes colonizaron las tierras descubiertas, Sevilla y muchos de sus pueblos vieron partir en las corrientes del Guadalquivir, a muchos de sus hombres, esas riveras sin duda, fueron testigo silente de manos levantadas diciendo adiós. Entre humanos, es normal que surja la atracción y como un acto natural, la sangre castellana se fundió con la morena de las razas indígenas que poblaban las tierras descubiertas, dejando una huella que es hoy por hoy la estirpe que enorgullece a la América morena, unos y otros se nutrieron mutuamente amalgamando lo mejor de cada cultura. Hoy como ayer, continúa el amor sembrando su prodigiosa semilla entre habitantes de aquí y de allá e igual que siempre, se estrechan los lazos que nos unen desde entonces.

Uno de los capítulos errados de esta historia, es al parecer la venta de las alhajas de la reina, es ese precisamente uno de los episodios que mas leyenda confiere a los aprestos de aquel  viaje, siendo a la vez, la parte que permaneciendo en la memoria histórica,  americanos e iberos,  mantenemos viva , unos  hasta de manera romántica, queriendo encontrar en el hecho, razones para amar a Colón y a todos los que tuvieron que ver de manera positiva con su empresa, otros, buscando motivos para desconfiar y los que nunca se sienten conformes ante nada, desvirtuando las posibles bondades de mecenas y descubridores.

No se puede negar que se el ”aventurero” navegante, como era llamado en muchos círculos de la época, tuvo paciencia para resistir las burlas y sarcasmos de que fue víctima, esa paciencia sin embargo, le ayudó a lograr su objetivo.  Bartolomé de Las Casas, insigne eclesiástico sevillano,  cuenta en sus apuntes que no existen evidencias de amistad entre la reina y Colón y que fue el caballero Luis de Santángel quien profesando  gran afecto por el genovés y al enterarse de que éste había sido rechazado en la corte, se presentó ante la reina y le pidió que no permitiera que Colón se marchara. Fue así que concedieron al navegante la ayuda para emprender el viaje. Tres fueron las carabelas cuyo despegue  está consignado como uno de los acontecimientos más relevantes durante el reinado de los Reyes Católicos.

América se convirtió en la nueva tierra prometida para los recios marineros de aquella época plena en acciones y vivencias, el valor de estos hombres era sometido a duras  pruebas que afrontaban durante tan larga travesía.

Con la sabiduría propia de toda madre, España, la Madre Patria de Iberoamérica, nombra el 12 de octubre, día memorable para la humanidad, como Fiesta nacional de España y es que no puede ser menos, porque ese día, con el descubrimiento de América, el 12 de octubre de 1492, España inscribió su nombre en la eternidad.     

Sirva este día para que España y América se congratulen estrechando cada vez más los vínculos de amor entre los de allá, los de acá y los de mas allá, porque no habiendo fronteras para el amor, éste nace, se expande y se siembra en los corazones, aunque no bastando verlo germinar, hay que regarlo y abonarlo a diario para que permanezca como un rayo de luminosa esperanza,  ha sido ese el secreto de la eterna alianza entre España y sus antiguas colonias.

 

14 de octubre de 2007