Lo
cierto es que por muy vasta que sea la imaginación, imposible será que para
alguien que a miles de kilómetros mas allá del mar, quisiera imaginar el
panorama de la Navidad en Sevilla y sus pueblos.
Aunque parezca
mentira sin embargo, me llegará el olor a castañas asadas, vislumbraré las
luces de la Giralda, admiraré Belenes
y sentiré en mi piel, que como dulces agujas, se clava el viento helado del
Aljarafe y hasta podré visualizar un camino que aunque recuerdo, no identifico
su nombre, donde todas las casas son iguales, e igualmente iluminadas parecen
pertenecer a un pueblo mágico, lo vi una noche, y al igual que Gardel, el
eterno maestro del Tango que lo dejó en la memoria del universo, así quedó en
mi corazón aquel recuerdo.
Quisiera comoun duende, navegar por mi mar y dejar que me arrastre a la corriente del
Río Grande, para bajo el rumor de sus aguas, acallar la nostalgia que me causa
el recuerdo entrañable que como una cadena, ata mi corazón a esa parte del
mundo.
Desde la
inmensidad de la distancia, hago presente mi tarjeta, para que algo de mi vuele
desde Argentario al Aljarafe, donde mucho de allí, vive en mi adentro.
Navidad es
tiempo de luz, de amor, de unión, así deseo que las luces del planeta irradien
Sevilla y su entorno, trayendo abundantes bienaventuranzas.