Opinión
   

MÁS ALLÁ DEL MAR, de Carmen Miuris Rivas 

¡VOLVERÉ!

Irradiada por las luces de la Navidad, apenas me di cuenta que éstas se apagaban. Ebria de emociones pasaban sobre mí los días y las noches, entrecerré los ojos y al abrirlos, de las luces sólo quedaban armazones de alambres en los que si miraba fijamente, descubría las figuras emblemáticas que forman parte de la parafernalia navideña.

Arribé entre una nube, una burbuja inflada en la que me acariciaba la ilusión de la llegada.

A tus pies Sevilla! Arrobada, extasiada, recorriendo tus calles que me parecen viejas conocidas, absorviendo el olor de tus naranjos y almacenando el oxígeno pleno de tus aromas para cuando me marche, continuar sintiéndote cerca de mí. No me ha importado que mis cabellos hayan captado como esponjas, la humareda que brota de las castañas asadas en plena calle, he degustado tus pestiños, he realizado el sueño acariciado de estar en Sevilla en Navidad, ahora solo me falta ver remozados tus jardines con el sol esplendoroso de la primavera y oteando el horizonte, avizorar el vuelo de los vencejos o atrapar una “oscura golondrina”, para dejarla  en señal de ofrenda, si vuela, será que no desean mi regreso, si en cambio permanece serena, habrá de ser porque al igual que yo, siente la nostalgia de la despedida.

Inexorablemente con el paso de los días ha llegado el momento de partir y de la misma manera que se apagan las luces navideñas, se opaca la sonrisa, pienso que  como el tiempo, la vida tiene ciclos que la mueven y me complace imaginar que al igual que la Navidad que cada doce meses se hace presente,  mi ausencia es solo una tregua y que cualquier día despertaré en Sevilla sin preocuparme por una próxima partida.

De momento, vivo los últimos días y como si de una ley se tratase, me obligo a visualizar el regreso esbozando la mejor de mis sonrisas y grabando en mi retina hasta donde abarca mi mirada, el amplio horizonte de esta ciudad que se adentra en mis sentimientos.

Preparo ya mi equipaje que más que físico es de ilusiones, de sueños y hasta quimeras tejidas en la quietud de un sol arrebolado de invierno, en la brisa tenue que enfría mis manos y hace rebelar mi sangre tropical. Voy guardando recuerdos y suspiros, atesorando cada minuto vivido y aunque evidentemente Sevilla no cabe en mi maleta, tengo no obstante, lugar de sobra en mi corazón y ahí la llevaré conmigo pronunciando una palabra: Volveré.       

 

23 de enero de 2008