Irradiada
por las luces de la Navidad, apenas me di cuenta que éstas se apagaban. Ebria
de emociones pasaban sobre mí los días y las noches, entrecerré los ojos y al
abrirlos, de las luces sólo quedaban armazones de alambres en los que si miraba
fijamente, descubría las figuras emblemáticas que forman parte de la
parafernalia navideña.
Arribé entre
una nube, una burbuja inflada en la que me acariciaba la ilusión de la llegada.
A tus pies
Sevilla! Arrobada, extasiada, recorriendo tus calles que me parecen viejas
conocidas, absorviendo el olor de tus naranjos y almacenando el oxígeno pleno
de tus aromas para cuando me marche, continuar sintiéndote cerca de mí. No me
ha importado que mis cabellos hayan captado como esponjas, la humareda que brota
de las castañas asadas en plena calle, he degustado tus pestiños, he realizado
el sueño acariciado de estar en Sevilla en Navidad, ahora solo me falta ver
remozados tus jardines con el sol esplendoroso de la primavera y oteando el
horizonte, avizorar el vuelo de los vencejos o atrapar una “oscura
golondrina”, para dejarlaen señal
de ofrenda, si vuela, será que no desean mi regreso, si en cambio permanece
serena, habrá de ser porque al igual que yo, siente la nostalgia de la
despedida.
Inexorablemente
con el paso de los días ha llegado el momento de partir y de la misma manera
que se apagan las luces navideñas, se opaca la sonrisa, pienso quecomo el tiempo, la vida tiene ciclos que la mueven y me complace imaginar
que al igual que la Navidad que cada doce meses se hace presente,mi ausencia es solo una tregua y que cualquier día despertaré
en Sevilla sin preocuparme por una próxima partida.
De momento, vivo
los últimos días y como si de una ley se tratase, me obligo a visualizar el
regreso esbozando la mejor de mis sonrisas y grabando en mi retina hasta donde
abarca mi mirada, el amplio horizonte de esta ciudad que se adentra en mis
sentimientos.
Preparo ya mi
equipaje que más que físico es de ilusiones, de sueños y hasta quimeras
tejidas en la quietud de un sol arrebolado de invierno, en la brisa tenue que
enfría mis manos y hace rebelar mi sangre tropical. Voy guardando recuerdos y
suspiros, atesorando cada minuto vivido y aunque evidentemente Sevilla no cabe
en mi maleta, tengo no obstante, lugar de sobra en mi corazón y ahí la llevaré
conmigo pronunciando una palabra: Volveré.