Opinión
   

MÁS ALLÁ DEL MAR, de Carmen Miuris Rivas 

UN ILUSTRE SEVILLANO QUE SUPO AMAR

“Los invisibles átomos del aire en derredor palpitan y se inflaman,
El cielo se deshace en rayos de oro.
Oigo flotando en olas de armonías, rumor de besos y batir de alas…
Mis párpados se cierran… ¿Que sucede? ¡Dime!
¡Silencio! ¡Es el amor que pasa!”

 

El aroma de azahar es tan emblemático en Sevilla, como cualquiera de sus monumentos, los naranjos en flor circundan el Parque de María Luisa impregnándole su efluvio no solo a los sevillanos, sino también atrapando en un hechizo a los visitantes de mas allá del mar que poseídos por el influjo del poeta del amor, se acercan en busca de la Glorieta, cuya historia ha cruzado el océano y se repite en tertulias y encuentros de amigos, definitivamente en ese pequeño entorno del parque, donde se levanta la Glorieta de Bécquer, se encuentra el amor.

La estatua de Bécquer, rodeada de un aire de misticismo, se yergue sobre el pedestal como si del propio Eros se tratara, cualquiera diría que da la bienvenida a los que acompañados parecen pedir una bendición para su amor, mientras los que están solos, suplican tal vez en muda plegaria, que en su camino, aparezca el sentimiento que da sentido a la vida.

Yace al pie del monumento, el amor herido, es una conmovedora efigie del amor que se desangra por la herida de la flecha de Cupido que desde arriba, con gesto amenazador, permanece al acecho dispuesto a insertar en cualquier corazón, su dardo envenenado. Igual que sucede en la vida misma, cuando por algún motivo nos hieren el corazón y se esparce la sangre simbolizando la desesperanza.

Gustavo Adolfo Domínguez Bastida,  Gustavo Adolfo Bécquer para la posteridad, es el poeta que escribió al amor de manera más vehemente, en la mayoría de sus rimas se palpa la caricia del amor, se percibe el romanticismo de sus composiciones, aunque es evidente que en algunas se adivina su inquietud por evadirse, o se siente un toque subliminal de desesperanza como su única aliada posible. Bécquer fue indudablemente el sevillano que amó con más profundidad y que vivió de manera más honda, el dolor que le causaba el desamor, que le sumía más aún en la desventura de un día a día que casi siempre le dejaba la pesadumbre del agotamiento en su cuerpo frágil.  

Ningún árbol en el mundo, atesora  bajo su copa, tan valioso legado, este ciprés debería ser declarado como el árbol del amor, es el Parnaso donde mora como habitante privilegiado el poeta de mirada triste cuya corta vida, pródiga en azares, no le impidió escribir al amor, plasmando en cada letra, lo más sublime del sentimiento.  

La Glorieta de Bécquer, un monumento de Sevilla para la humanidad, fue una idea concebida por los Hermanos Álvarez Quintero, interpretada magistralmente por el escultor Coullaut Valera, es dentro del entorno del Parque de María Luisa, el lugar que concita mayor interés entre el  público adulto,  muestra de ello, son las flores siempre frescas que adornan el regazo de las estatuas, ni un solo día falta una rosa perfumada depositada por un corazón enamorado, o en busca del amor. 

  

16 de junio de 2008