Opinión
   

EL RINCONCILLO, de Miguel Martínez 

TRÁFICO MODERNO

Hay ciertos descubrimientos que hacen historia. La escritura marcó la separación entre Prehistoria y Edad Antigua. La electricidad vino a facilitar la vida de millones de ciudadanos del mundo entero. Incluso Einstein marcó una época con su E=mc2. Sin embargo, hay otros inventos que, lejos de mejorar la calidad de vida de las personas, la estropean una barbaridad. Desde hace aproximadamente un lustro, el Aljarafe se ha ido llenando de un invento de este último tipo, que ha ido modificando paulatinamente la tradicional fisonomía de nuestras calles. Los que conducimos lo sufrimos día tras día en nuestras propias carnes, y alguna que otra vez han provocado nuestras iras (en este caso, justificadas iras). No hay calle de más de cien metros que no haya sucumbido ante el poder de este nuevo elemento. Si estaban pensando en los badenes y las tachuelas invasoras, acaban de ganar un perrito piloto.

Por más que lo intento, no alcanzo a entender por qué todos los ayuntamientos aljarafeños están empeñados en instalar estos odiosos badenes. Tomares tuvo el dudoso honor de ser el primer sitio donde me enfrenté con ellos cara a cara. Su altura era tal que mi coche se quedó suspendido sobre las dos ruedas traseras, haciendo un ángulo de casi noventa grados. “Uff, ya pasó”, pensé una vez que me deshice de él. Cuál sería mi sorpresa que, sin haber avanzado más de cincuenta metros, me encontré con otro de estos terribles monstruos. ¡Qué horror! Afortunadamente, logré salir victorioso de aquella batalla, pero me juraron eterna venganza y actualmente me enfrento con ellos varias veces al día, por cada pueblo del Aljarafe que paso.

La situación, no en vano, ha ido empeorando con el tiempo. Olivares, por ejemplo, ha instalado en una de sus calles unos bloques de piedra de gran tamaño, superiores a los de Tomares. Mi amigo Pepe me estuvo contando un día que su padre le había recomendado encarecidamente que diera toda la vuelta para llegar a su casa con tal de no tener que toparse con el badén. Imagínense. Villanueva del Ariscal, Espartinas (son los últimos que se han sumado a la moda) o Umbrete son cómplices de esta iniciativa. Una iniciativa que sólo sirve para estropear los amortiguadores de los vehículos y para pegar saltitos en el asiento del coche cada pocos minutos. 

Con estas palabras les animo a que se unan al “club de los anti-badenes”. Creo que, al igual que me pasa a mí, muchos aljarafeños están hartos de toparse jornada tras jornada con estos mazacotes de hormigón. Cada vez hay más, y cada vez más molestos. ¿No existe una solución mejor?

 

13 de junio de 2006

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