Opinión
   

EL RINCONCILLO, de Miguel Martínez 

VACACIONES

Como la inmensa mayoría, por estas fechas he podido disfrutar de unos necesarios y merecidos días de vacaciones. Son jornadas para reflexionar, para desconectar de la rutina y del ambiente habitual, para descansar de un duro año que ya no recuerdo siquiera cuándo empezó. He tenido la suerte de visitar varios lugares de la geografía española, a cada cual mejor.

Los días 28, 29 y 30 de julio, el Ayuntamiento de Jerez había decidido patrocinar el Metalway Festival, un macrofestival en el que se dieron cita casi treinta grupos del mejor heavy metal. Más de cinco mil personas llegadas desde todos los rincones de Andalucía acudimos al recinto para darle las gracias por apoyar esta fenomenal iniciativa. Bandas de la talla de Blind Guardian, Stratovarius, Barón Rojo, Edguy, Helloween o Within Temptation, entre otras, hicieron las delicias de todos los allí presentes. Una delicia para los oídos, y además en directo. Ojalá pudiéramos disfrutar de un acontecimiento de este calibre más cerca de casa, que tomen buena nota ciertas personas.

También he podido disfrutar de Madrid, por quinta vez ya. Allí no hay Cruzcampo, es el paraíso de la Mahou (lo que se pierden los madrileños...); allí no van de tapas, ni tampoco a tomar una cervecita, salen como mucho a tomar unos “pinchos” o unas “cañas”; y el hecho de que te cobren en un bar de barrio diez euros por tres bebidas y unas patatas bravas ya hace que te hierva la sangre. Pero bueno, te resignas porque estás en la capital, qué remedio.

Segovia es una ciudad preciosa (no en vano es Patrimonio de la Humanidad), y animo a visitarla a todo aquél que aún no la conozca, saldrá de allí encantado. Acueducto, Catedral y Alcázar conforman un triunvirato digno de ser admirado. En esta capital castellana no se estilan las tostadas para desayunar, debes tomarte el café acompañado de un pedazo de tortilla de patatas. Una mezcla explosiva, pero lo cierto es que no sienta mal del todo.

Palencia es otro cantar, allí hace más frío que alicatando un iglú. Velilla del Río Carrión, donde he estado, es un pueblo de montaña en el que hay que dormir con manta incluso hasta en agosto. Y en la calle, pantalones largos y sudadera. Temperaturas más propias de un invierno aljarafeño que de un verano. En este lugar, la gente sale al mediodía a tomar “cortos” de vino y de cerveza, siempre acompañados de su correspondiente pincho. El corto te lo bebes de un tirón, pero está bien pensado para no llegar todos los días a casa mareado, ya que allí se hace una ronda por varios bares. Un paisaje y una gente fantástica, pero con bastante frío.

Y León, qué decir de León. Es una ciudad que nunca pierde su encanto por más que la visites, y siempre te sorprende con algo nuevo. Las vidrieras de su catedral son el arte elevado a la enésima potencia, y su barrio Húmedo está lleno de rincones especiales. Muy bueno, sí señor.

Siempre da gusto viajar, creces culturalmente. Además, cuando te vas de cada ciudad sientes que ya te queda un lugar menos por conocer en el mundo. Viajen siempre que puedan y disfruten, estoy seguro de que no se arrepentirán.

 

21 de agosto de 2006

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