Opinión
   

EL RINCONCILLO, de Miguel Martínez 

EN HONOR DE SAN GINÉS

El Loreto, territorio municipal de Espartinas, ocho y pico de la mañana. Ya están montados la mayoría de los ranchos y colocados en el sitio reservado días atrás. Puntales y lona verde amarrada en las vallas. Cada cual se ha preocupado de coger un espacio para poder disfrutar de un poco de sombra en cuanto se levante el sol. Hay un aroma especial e inconfundible que sólo se produce una vez al año, siempre por estas fechas. Huele a romería, la de Villanueva del Ariscal, en honor de San Ginés, patrón de los bodegueros y viñadores.

Es temprano, pero ya hay gente cerveza en mano. Botellín, por supuesto, y bien frío. Ciertamente, nada mejor que una birra para empezar bien este día. Empieza a llegar la gente que ha decidido andar por el camino en vez de ir por el asfalto siguiendo a los carros y carrozas. Tortillas de papas, filetes empanaos, tinto de verano, aceitunas y mucha cerveza. Y sigue llegando gente, cada vez más. El lorenzo comienza a pegar de cara en el sitio donde estamos colocados, y no cesará en su empeño hasta bien entrado el mediodía. Esta vez hemos tenido que situarnos al final del todo, síntoma de la cantidad de gente que ha acudido a la fiesta, cada vez más. Como siempre a estas horas, aparece una máquina echando agua en el albero, para que no acabemos todos amarillos al final del día. El calor lleva haciendo mella desde que llegamos al monasterio, y el hielo que teníamos las está pasando canutas para sobrevivir. Vamos a comprar más en el coche de un amigo que no bebe, es solidario con nosotros.

Una vez de vuelta, empiezas a encontrarte con conocidos que te prometen algo de beber en cuanto pase un poco de tiempo, y aceptas devolviéndole la invitación. Jóvenes, mayores y niños disfrutan con sus trajes de flamenca, sus caballos, sus carros, la banda de música. Las conversaciones en el rancho, de lo más variado: vacaciones, las mofas de los sevillistas (felicidades desde aquí) a los béticos por su nuevo título conseguido, recuerdos de romerías anteriores... Todo vale con tal de pasarlo bien un año más. Vamos a mojarnos la cabeza, y al servicio cada poco rato, hay que descargar tanto líquido. Llegan más amigos, que han aprovechado más horas de cama que los demás. Tortillas de papas, filetes empanaos, tinto de verano, aceitunas y mucha cerveza, otra vez.

Las horas pasan volando, señal de diversión y bienestar. Hace calor, mucho calor, pero las ganas de pasarlo bien y los botellines ayudan a solucionar tan desagradable situación. Son alrededor de las cuatro de la tarde, y mi romería ha terminado por este año. Llevo en pie desde las seis y media de la mañana, después de haber maldormido cuatro horas, y el cuerpo empieza a notarlo. Cogemos el camino de vuelta, tras otro día inolvidable, otro año más, y ya van unos cuantos consecutivos. ¡Hasta el año que viene, romería! 

PD: Lástima que siempre haya niñatos indeseables que se dediquen a molestar a los demás con peleas y broncas sólo justificadas por su alta concentración de alcohol en sangre. ¿Dónde está la Guardia Civil cuando realmente hace falta?

 

29 de agosto de 2006

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