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LA CRÓNICA, de Antonio Ramos Calderón EL NUEVO INVENTO DE TÁVORA SE MERECE NUEVAS OPORTUNIDADES
Plaza de toros de Espartinas (Sevilla). Tarde
del 8 de abril de 2006, soleada y primaveral. Sábado de Pasión. Menos de tres
cuartos de coso cubiertos. Festejo aplazado por la lluvia caída el pasado 19 de
marzo durante la I Feria de San José de la localidad aljarafeña. Se corrieron cinco toros de la ganadería de
Viento Verde, propiedad de los Hermanos Peralta y de divisa blanca y roja.
Cuatro de ellos despuntados para la lidia a pie y a caballo, el otro restante,
muy astifino, para el grupo de Recortadores Valencianos. El esperado estreno de la Corrida Moderna,
ideada por el dramaturgo sevillano Salvador Távora, comenzó con un despeje de
plaza y un paseíllo muy originales. No hubo picadores en ninguna de las cinco
lidias que se desarrollaron sobre el dorado albero espartinero. Tampoco hubo
banda de música alguna que amenizara en vivo y en directo el espectáculo,
simplemente se colocaron dos potentes altavoces en un tendido de la plaza que
emitía una continua "banda sonora", como en las películas de cine. El primer toro, herrado con el número 473 (de
2002), colorao y capirote en negro, fue lidiado a pie por Juan Manuel Benítez,
quien tuvo el amparo a caballo del rejoneador David Vázquez. El diestro de Dos
Hermanas, con un terno verde oscuro tirando para negro y bordados goyescos, se
mostró muy artista al natural. Durante la faena, además ejecutó series de
buen trazo con la mano derecha y estuvo acompañado de un hilo musical relajante
que salía de los altavoces. De una estocada baja acabó con su oponente y se le
concedió una oreja, entregada por uno de sus banderilleros al no existir
alguacilillos en esta Corrida Moderna. El segundo toro, negro zaíno, fue lidiado a
caballo por el rejoneador Pedro Calero, quien contó con el amparo de Antonio
Fernández Pineda en el toreo a pie. Reseñar que los rejoneadores portaban unos
trajes al estilo bandolero de Curro Jiménez y "El Tragabuches". Todos
los banderilleros iban vestidos de azabache, nada de plata por ningún sitio.
Los rehiletes eran de conformación lujosa. En este segundo de la tarde,
destacamos un quite por chicuelinas de Fernández Pineda y un ajustado par de
banderillas del subalterno Vicente Yangüez "El Chano". El astado, muy
paradote, provocó que Pedro Calero arriesgara mucho para colocar al final de la
faena dos cortas y dos rosas. El hilo musical de una ópera cantada no gustó en
demasía a mi compañera Conchita. Tras un rejonazo bajo, Calero paseó las dos
orejas. Tercer burel del espectáculo en el redondel y
se hacen presente los Recortadores Valencianos. Animal en puntas, negro zaíno,
el hilo del toque de una caja de percusión, recortes, saltos, quiebros, saltos
a la garrocha, sentido de las distancias y de los terrrenos... en resumidas
cuentas, una "lidia alternativa". Los recortadores usan en algunas
fases de su actuación ramas de olivo y, al final, uno de ellos se sube a lomos
del bien presentado y serio cornúpeta. Espectaculares resultaron los cinco
saltos a la garrocha consecutivos y encadenados por cada uno de los recortadores.
Encantaron al público asistente y fueron muy ovacionados en una triunfal vuelta
al ruedo en loor de multitudes a los sones de "La Puerta Grande". El cuarto, también negro zaíno, fue lidiado a
pie por Fernández Pineda en collera con el torero a caballo Pedro Calero. El
matador de toros de Coria del Río vistió un terno burdeos con bordados en
negro al estilo goyesco. En este acto de la Corrida Moderna el banderillero
"El Chano" sufrió dos espeluznantes volteretas. En la primera de
ellas, el madrileño Vicente Yangüez pecó de exceso de confianza en una pasada
en falso en los medios. En el segundo intento, cuando quería colocar un segundo
par de banderillas, resultó corneado de nuevo y quedó conmocionado e inmóvil
en el ruedo. Como un pelele, estuvo durante algunos segundos a merced del "vientoverde".
Las asistencias y sus compañeros se lo llevaron a la UVI móvil, siendo
posteriormente trasladado al Hospital de San Juan de Dios de Bormujos (Sevilla).
El astado después de este susto quedó resabiado y obligó a Fernández Pineda
a estar muy dispuesto y centrado. Bajó la mano con mando y tras una estocada
defectuosa, el presidente concedió las dos orejas. En el quinto y último del festejo, David Vázquez
se encontró ante un oponente colorao y colaborador al que ejecutó una labor
efectista que le valió las dos orejas y el rabo, tras un rejonazo bajo, trasero
y fulminante. Curiosamente, Juan Manuel Benítez no intervino en quites en este
toro. Un subalterno colocó un par de banderillas. Antonio Ramos Calderón
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