Toros
   

LA CRÓNICA, de Antonio Ramos Calderón

LA INAGOTABLE CANTERA DE LOS TOREROS ARTISTAS SEVILLANOS

Plaza de toros de Espartinas (Sevilla). Gran final de añojos del I Bolsín Taurino Novilleril de la localidad aljarafeña, II Memorial María Regla Jiménez. Sábado, 22 de julio de 2006. Con entrada gratuita, la plaza se llenó en más de un cuarto de su aforo. Noche agradable y de ambiente ilusionante. Los clarineros de La Maestranza hispalense anunciaron la salida de los añojos al ruedo, los cambios de tercio y los avisos durante la lidia. Se corrieron ocho ejemplares de Juan Antonio Ruiz “Espartaco”, muy bonitos y limpios de lámina, que dieron un juego excepcional por su nobleza y calidad en las embestidas. Al séptimo incluso se le dio la vuelta al ruedo en el arrastre, más como premio a todo el ganado lidiado por el maestro de Espartinas durante el certamen.

José Manuel Susino, de la escuela de Parque Amate, de blanco y oro, se fue a portagayola en el primero. Un añojo burraquito al que luego le recetó otra larga cambiada de rodillas más en el tercio y le fue ganando el terreno en el recibo capotero. Realizó una faena valiente y entregada por ambos pitones a los sones de “El gato montés”. El animal era de condición encastada y tuvo raza, pero tendía a acostarse a mitad de muletazo y, por ello, el chaval sufrió varios achuchones. Tras una estocada caída y trasera y doce descabellos, escuchó silencio tras un aviso.

José Manuel Salado, de Espartinas, se mostró voluntarioso con la capote en tres largas cambiadas de rodillas al hilo de las tablas. Ernesto Tapia quitó por tafalleras en su turno. El sobrino del alcalde, de caldero y oro, comenzó su trasteo por estatuarios en una labor que a la postre resultó simplemente animosa y que cerró por manoletinas. A su oponente, berreón y noblón, lo pasaportó de una estocada al encuentro y tres descabellos. Durante la faena nos deleitamos con el pasodoble “Rajón fale”. Dio una vuelta al ruedo por su cuenta y riesgo, por no decir que fue por su cara bonita.

Ernesto Tapia, de la escuela de Sevilla, de azul viejo y oro, se topó con un becerro mansote al que ejecutó una faena derechista y deslavazada tanto por el propio comportamiento del animal como por el escaso oficio del joven. “Amparito Roca” sonó durante su quehacer muleteril. El añojo acabó parándose y tras dejar dos pinchazos, una estocada atravesada y un golpe de verduguillo, paseó el anillo con la bandera mexicana. 

Javier Jiménez, de Espartinas, vestido de azul eléctrico y oro, se quedó muy quieto con el capote tanto en el recibo como en un quite posterior a la verónica. Con un enemigo colaborador y repetidor, demostró que es un becerrista a la antigua usanza por su amor propio y voluntad. Este chaval parece tener un gran fondo de valor. Su trasteo fue, sobre todo, recio y firme a pesar de los varios y deslucidos desarmes que padeció. Con la espada ataca muy recto y dejó una estocada entera y, otra más, caída. Le concedieron una orejita tras leve petición de su familia en el callejón.

El quinto añojo de la noche correspondió a Pedro Sánchez Colodro, de la escuela de Baeza y con un terno vainilla y oro con los remates en negro. Nos ofreció un quite bastante bueno de dos tafalleras y una revolera para luego, en la faena, ligar estupendamente al natural en un par de tandas. Muy puesto y con oficio se nos presentó este jiennense, quien tiene un gran sentido de la colocación y de las distancias e imprime mucho temple a todo lo que hace. La faena contuvo dosis de clase y Pedro pensó siempre en la cara del becerro. Finalizó su trasteo con unos toreros ayudados por alto. Un trincherazo y un molinete con la zurda le quedaron bastante pintureros. Media delanterita, un pinchazo y dos descabellos dieron paso a la concesión de dos orejas, la segunda quizá un tanto excesiva.

Y en el sexto llegó el pellizco, el ángel y el duende de Antonio Espaliú. Nacido en Coria del Río, aunque vive en una urbanización de Almensilla, pertenece a la escuela de Camas. Vino vestido de azul y azabache, toda una premonición de lo artista que compuso la figura con la capa. Echó la pierna contraria para adelante y llevó empapado al añojo hasta los medios. Ceremonioso, brindó su trasteo al público pero, antes, Daniel Muñoz nos gustó también en un pequeño ramillete de verónicas en su turno de quites. Luminoso fue el comienzo de faena de Espaliú por su padre y Gallardo por su madre. Hubo un cambio de mano de lo más sevillano en este inicio. Su estilo es totalmente amorantado, no se olvida de templar y su izquierda es un auténtico prodigio de las marismas del Guadalquivir. Empaque, prestancia y cadencia. La clase que demostró este chaval invita a seguirlo de cerca. Es diferente su carácter y presenta un valor sereno bastante interesante. Sin aspavientos de ningún tipo, se adornó por coloridos ayudados por alto al final de su labor, acompañados de un par de kikirikís muy cromáticos y estupendos. Dos orejas fueron a parar a sus manos tras dos pinchazos, otro hondo y siete descabellos. Ya lo digo en el titular de esta crónica, como aviso a “navegantes” que se están durmiendo en los cómodos laureles del detallito barato, la cantera de los toreros artistas sevillanos es inagotable y las madres no paran de traer niños inspirados al mundo…

Otro que no le va a la zaga es Daniel Muñoz, de la escuela de Espartinas y apoderado por Curro Camacho. De rosa palo y oro, saludó con unas magníficas verónicas a su añojo y remató con una media garbosa en los medios. Posteriormente, ejecutó otro torero quite a pies juntos y dejó una media de manos bajas. Brindó emotivamente la faena a “El Almendro” y se encontró con un oponente sueltecito pero bonancible. Su corte es gitano y postinero, pero le gusta hacer las cositas bien. Liga los pases y lleva cosiditos a los astados en su franela. Una tanda de naturales fue espléndida. Sinceramente, le vimos más templado en la final que en el tentadero del miércoles, aspecto que habla bien de su evolución, mejora y asimilación de conceptos. Estocada caída y dos orejas y rabo. El tercer apéndice creo que sobró. 

La larga becerrada desembocó en todo un suceso llamado Borja Jiménez, quien actuó fuera de concurso. De celeste y oro, este menudo espartinero resultó ser un descubrimiento para el aficionado y un sólido proyecto de torero para el futuro con tan sólo catorce años cumplidos. ¡Qué muñecas tiene para manejar el capote! Su corta estatura queda recompensada por una soltura inhabitual. Con mucha torería principió su quehacer muleteril con unos bellísimos estatuarios. Luego, los derechazos evidenciaron lo bien que sabe torear con la cintura. Era la una y cuarto de la madrugada y de allí no se iba nadie. Tiene desparpajo y hechuras de torero, sabe andar y desplantarse con garbo y gracia. Sin olvidarnos de su preclara inteligencia para colocarse y situarse ahí donde el añojo acude con mayor calidad. No mató pronto, pero tampoco importaba… Los tendidos respiraban felicidad y pidieron para Borjita las dos orejas y el rabo que fueron concedidas por el presidente. Su sapiencia precoz y su toreo innato nos invitan a soñar y a esperarlo. Desde luego, su maestro Antonio Ruiz “Espartaco” padre, quien le sacó en hombros una vez finalizado el festejo, no va a cejar en el empeño de conseguir algo importante con este “niño”...

 

Antonio Ramos Calderón
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