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LA CRÓNICA, de Antonio Ramos Calderón LA PRENSA Y MIGUEL ÁNGEL DELGADO
Ayer domingo, día 23 de julio de 2006, se cerró
la II Feria del Toro y de la Luna en el coso aljarafeño de Espartinas con la
celebración de la gran final de erales del I Bolsín Taurino Novilleril, II
Memorial María Regla Jiménez. En festejo nocturno y de entrada gratuita, la
plaza se llenó en más de un cuarto de su aforo. La noche fue típicamente
veraniega con leves brisas de viento, sin embargo se mascaba una atmósfera un
tanto rara entre los profesionales del coso espartinero. Se lidió, como
siempre, ganado de Juan Antonio Ruiz "Espartaco", imponente de
presentación -más serio que los dos novillos de Palomo Linares Danko del
pasado viernes- y que dio un buen juego en líneas generales, propiciando el
triunfo de los chavales. Al quinto y al sexto, se les otorgó la vuelta al ruedo
en el arrastre. Juan Francisco Rojas, de la escuela de Baeza,
de malva y oro, estocada bajísima y delantera que provoca derrame. Una oreja
benévola. Ante un eral fuerte del maestro de Espartinas, se mostró acelerado y
eléctrico. La casta de su oponente le pedía que hiciera todo por abajo, ya que
se revolvía con prontitud el cornúpeta en los pases de pecho. Me decepcionó
un tanto ayer este chico de Jaén, del cual esperaba mucho más después de su
brillante actuación en el tentadero del martes. El gibraltareño Diego Lleonart, de teja y oro,
bajonazo infame. Una oreja regalada tras un aviso. Mecánico y frío, sin decir
mucho, dejó aceptables tandas con la derecha en su faena a un eral enrazado. Sí
nos obsequió con unos ayudados por alto finales muy toreros. Manuel Fernández, de la escuela de Espartinas,
de marfil y oro, estocada desprendida y otra estocada más, entera y entrando
con decisión. Una oreja. Maneja con cierto aire y gusto el capote. Quitó por
chicuelinas en el tercero suyo con estilo templado. Brindó a "Espartaco"
padre la faena y estuvo voluntarioso y afanoso ante el material más deslucido
de la gran final. Le tocó en "suerte" un animal sosote y rajado del
que intentó sacar partido en los adentros y siempre al hilo de las tablas. Francisco Javier Ortiz, de verde caqui y oro,
también de la escuela local espartinera, diez pinchazos y uno hondo más.
Vuelta al ruedo tras "sorprendente" petición. Este "pinchauvas"
llevó muy cosidito a su eral con la zurda y dejó unas manoletinas bastante
brillantes en el cierre de su aseada obra. Su oponente fue noble y repetidor y
durante el trasteo le tocaron al hijo de Diego Ortiz el pasodoble "Ópera
flamenca". El ecijano Miguel Ángel Delgado, triunfador de este I Bolsín de Novilleros, esta vez sí me convenció con la capa tanto en un quite por chicuelinas rematado con airosa revolera como en su recibo al quinto, el cual resultó templadísimo. De teja y azabache, le correspondió un eral berreón y grande, aunque un poco sucio de la arena de los corrales. Brindó al público su trasteo, el cual tuvo tres desarmes con la mano derecha. Al natural tiró bien del astado, pero se asentó más por el lado derecho. La faena fue breve e intensa, con dos de pecho de cartel y unos ayudados por alto monumentales. La estocada trasera dio pie a que le concedieran las dos orejas y el rabo. Este discípulo de Pepe Luis Vargas he notado que se ha ganado ya los mayores plácemes de los plumillas taurinos que lo han visto torear. Tanto es así que en Sevilla lo han puesto en la final del próximo jueves por decreto. Algo tendrá el agua cuando la bendicen tanto, aunque miedo me da a que el astigitano se lo crea ya tan pronto y con tan pocas novilladas a sus espaldas. Su arte y concepto ilusionan, pero sus aduladores de alrededor me preocupan por el daño que le puedan hacer... Además, lleva a un "pueblo" bastante escandaloso detrás cada vez que se anuncia en un sitio cercano, o no tan cercano. Cuidemos estos detalles para que Miguel Ángel Delgado sea dentro de dos años una realidad con peso en el escalafón mayor. Condiciones no les falta casi ninguna, de hecho es ya un "torerito en ciernes".
Esaú Fernández, de la escuela de "El
Almendro" -pero no el del turrón-, de tabaco y oro, estocada defectuosa de
gran ejecución. Dos orejas y rabo. Con el percal estuvo lucido y fue muy
jaleado por el respetable. Quitó por "Chicuelo" en su turno en el
quinto y brindó la faena a su compañero Miguel Ángel Delgado. Detalle muy
bonito. Cuatro derechazos de rodillas en los medios acabaron de calentar al público,
aunque el eral también puso mucho de su parte porque era nobilísimo y hacía
el avión cada vez que se arrancaba y acudía a los engaños. Por el pitón
derecho cuajó dos tandas excelsas y muy despaciosas. Inteligente, Esaú además
le puso sentimiento al cotarro y toreó con gusto y largura al natural. Al final del festejo, vinieron las fotos, las felicitaciones y los abrazos. La plaza se quedó sola e iluminada y pensando en septiembre, cuando el bello coso abrirá de nuevo sus puertas para acoger una gran corrida de toros y un espectáculo de rejoneo. Y yo regresé a mi pueblo cantando por "Los Centellas" aquello de "Ese toro enamorado de la luna que abandona por las noches la maná, es pintado de amapolas y aceitunas y le puso Campanero el mayoral... ". Era así, ¿no?.
Antonio Ramos Calderón
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