Toros
   

LA CRÓNICA, de Antonio Ramos Calderón

BENDITA MOVILIDAD DE LOS TOROS DE BARRAL EN ESPARTINAS

Plaza de toros de Espartinas (Sevilla). Domingo, 10 de septiembre de 2006. Feria y fiestas locales. Corrida de toros. Más de media entrada, rozando los tres cuartos. Tarde soleada y veraniega. Se lidiaron siete ejemplares de la ganadería sevillana de María José Barral, muy bien presentados, que tuvieron el denominador común de la movilidad en su comportamiento. Destacaron por su nobleza los corridos en primer, tercer y cuarto lugar. El séptimo fue un sobrero, también del hierro titular, pedido y regalado por César Girón. Salvo el sexto, todos los cornúpetas fueron aplaudidos y ovacionados en el arrastre.

Jesulín de Ubrique, de rosa palo y oro, media en buen sitio (una oreja). Tres pinchazos y una entera desprendida (ovación tras un aviso).

Pepín Liria, de verde marino y oro, estocada caída y tendida (una oreja). Estocada entera (una oreja con fuerte petición de la segunda).

César Girón, de blanco y oro, estocada atravesada y baja (dos orejas, la segunda exagerada). Estocada que escupe (una oreja). En el sobrero, estocada caída (dos orejas).

El negro bragao que rompió plaza recibió dos puyazos en el caballo después de que Jesulín se templara con la capa en la salutación al hilo de las tablas. A la faena llegó con una embestida noble y franca, repitiendo en la muleta del gaditano, quien se asentó en tres estimables series por el pitón derecho y buscó el acople en una única al natural. El poderdante de Pepe Luis Segura se mostró serio y enfibrado, aunque podría haber aprovechado más y mejor al estupendo astado toreándolo en los medios y no al abrigo de los tableros. Una lástima porque el “barral” se fue con el rabo al desolladero. Al cuarto, número 80, lo masacraron literalmente en varas en un puyazo rectificado en dos trayectorias. Brindó al héroe de Villaluenga, el maestro “Espartaco”. En su labor, Jesús Janeiro buscó el ajuste y una mayor apretura ante un enemigo bobalicón y pastueño pero, sin embargo, no dijo mucho al aficionado cabal –que no espectador habitual, que eso es otra cosa distinta-.

Pepín Liria se enfrentó en primer lugar a un oponente encastado que derribó al piquero y llegó un punto gazapón a la franela. El murciano dejó un vibrante comienzo de faena por ayudados por bajo para proseguir luego en redondo con mando y sometimiento. Bajó mucho la mano en un trasteo que a la postre se nos antojó un poco acelerado. El quinto tuvo su picante y geniecito –y eso que pasó el reconocimiento veterinario a duras penas-. El representado por Rafael Moreno brindó al público un trasteo entregado, de garra y corazón. Sonó el pasodoble “Amparito Roca”, mientras el animal miraba los muslos del espada cuando no veía la tela roja. Sobraron algunos enganchones y, es por ello, que la obra de Pepín no consiguió arrebatar completamente al respetable.

Por su parte, César Girón empapó con los vuelos de su percal las acometidas iniciales del tercero, número 23 de Barral, y se gustó en dos medias verónicas girando las muñecas de remate en los medios. Deleitó a los aljarafeños en un bonito quite de tres tafalleras y una lenta larga cordobesa. Por el contrario, con la pañosa lo vimos un tanto frío y mecánico en una faena entonada ante un astado noble y bravo. Dos rodillazos finales calentaron a la parroquia espartinera. En mi opinión, el toro estuvo por encima del torero en este tercer acto del festejo. En el sexto, volvió a estar garboso con el capote ante un ejemplar extraño que peleó bravamente en el peto del varilarguero y, luego, desarrolló violencia en el último tercio. El nieto del mítico venezolano intentó sacar partido de este burel deslucido, que acabó parado y rajado, a base del recurso del “zapatillazo”. “Nerva” acompañó musicalmente su labor. Y llegamos al séptimo, ya de noche. El sobrero de regalo se quedó muy corto en la capa y manseó en el equino. En la muleta, sacó complicaciones derivadas del fondo de razita que poseía y observamos un quehacer tesonero del hijo de Antonio Ignacio Vargas, quien tiró muy bien al natural y alargó el brazo. Aconsejado constantemente por Paco Dorado desde el callejón de la plaza, el sevillano Girón demostró ganas a raudales y ánimos por abrirse paso en esta difícil competencia de los diestros modestos. Ojalá que tenga suerte porque la va a necesitar.

Al final del espectáculo, Pepín Liria y César Girón salieron a hombros por la Puerta Grande. Jesulín, con una oreja, había abandonado ya el coso a la muerte del quinto. El mayoral de María José Barral debería de haber salido al ruedo a saludar porque tuvimos la suerte de disfrutar con unos bureles que transmitieron bastante al tendido y desarrollaron un juego más que interesante y agradecido sobre el albero. Entre las notas negativas, de nuevo los cambios de tercio con dos pares de banderillas sólo. Lo del sexto, inaudito. Quedó con dos palos en el lomo únicamente.

Y desde aquí mi agradecimiento al amigo Felipe, miembro de la empresa Esdelsa y profundo aficionado. Persona gentil, comprensiva y muy amable. Aparte, es un amante del toreo bueno y con emoción, y fue seguidor del mejor Finito en sus comienzos. Me dará alegría verlo de nuevo en el mes de octubre, cuando toreen mano a mano en Espartinas las figuras del toreo Ponce y Juli. Ahí es nada. Felipe, quien me consta que nos lee y sigue, me adelantó una primicia que no me resisto a comentar: la Corrida del Centenario del Real Betis Balompié puede que se celebre en Espartinas en 2007 con la presencia de toreros verdiblancos como Morante, El Cid y… Curro Romero. Pero eso ya será otra historia.

 

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Antonio Ramos Calderón
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