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LA CRÓNICA, de Antonio Ramos Calderón LA SANGRE SANTACOLOMEÑA DE REHUELGA, MERECEDORA DE INDULTO EN ESPARTINAS
Plaza de toros de Espartinas (Sevilla). Viernes, 13 de octubre de 2006. Espartinas Sabor Aljarafe. I Muestra de Tradiciones y Costumbres del Aljarafe. Primera Clase Magistral organizada por la Fundación Andaluza de Tauromaquia. Un cuarto de entrada en tarde soleada y de agradable temperatura donde la gente acudió al coso gratuita y libremente. Se lidiaron seis erales de la ganadería de Rehuelga (divisa blanca, azul y roja), de procedencia Santa Coloma, que fueron picados con puyas de tienta siguiendo el Nuevo Reglamento Taurino de Andalucía. Primero y cuarto fueron indultados, uno a petición del ganadero y, el otro, por fuerte solicitud del público. En general, los animales desarrollaron un comportamiento encastado y colaborador. En séptimo lugar, saltó al albero un añojo de Espartaco, grandón y noble, al cual se le dio la vuelta al ruedo en el arrastre. Antonio Fernández Pineda, vestido de corto, quien actuó como director de la sesión magistral, entrada a matar sin espada (dos orejas simbólicas). Se encontró con un eral bien presentado y se lució en las verónicas de saludo. Tras dos puyazos, su oponente se mostró encastado y bonancible en la muleta, realizándole una compuesta faena. El propietario de Rehuelga, personalmente, pidió que se le perdonara la vida al bovino. El respetable y el presidente, complacientes, estuvieron de acuerdo en la decisión del ganadero y accedieron al indulto. David Oliva, de azul pavo y oro, toreó con la capa ganando terreno a un enemigo noble y enrazado. El chiclanero, muy puesto y entregado, quitó a la verónica clásica y dibujó una bonita serpentina en los medios. De su labor con la pañosa roja, extraemos estimables series por ambos pitones y unos molinetes y desplantes finales de cara a la galería. Tres pinchazos y casi entera baja (silencio tras leve petición de oreja). Miguel Hidalgo, de caña y oro, espigado joven, demostró poderío con el percal y esbozó un vistoso quite a la verónica a pies juntos. Brindó al público una faena donde puso a gala sus buenas maneras ante un eral de colaboradora fijeza. Buscó siempre el largo metraje del muletazo y cerró por ceñidas manoletinas. Dos pinchazos y estocada (una oreja).
José Luis Villalba, de celeste y oro, acompasó con su cintura y capote las embestidas de salida del eral santacolomeño. La media verónica rezumó sentimiento, así como también el excelente quite postrero de agitanadas formas. Un puyazo tomó su enemigo, bondadoso e incansable, aunque un puntito distraído al final. Brindó a la concurrencia la faena más compacta de toda la interesante tarde, con naturales de enorme empaque y unos derechazos ejecutados con gusto y armonía. Detalles de torero caro en este lebrijano de la Escuela Taurina de Jerez de la Frontera. Grata impresión y buen sabor de boca nos llevamos con este alumno de Antonio Lozano. Y el cornúpeta de Rehuelga, a lo suyo, a embestir con bravura. Por ello, fue indultado tras mostrar el usía su anaranjado pañuelo a petición del público. Suerte suprema simulada (dos orejas y rabo simbólicos). El ganadero, merecidamente, acompañó al chavea en la vuelta al ruedo triunfal. Diego Lleonart, de rosa palo y oro, anduvo afanoso ante el astado más complicadito del festejo. Acudió a las telas con mayor temperamento que sus hermanos y sabiendo lo que se dejaba detrás. Parecía que tenía un muelle en el cuello el mamífero. El gibraltareño, que ayer estuvo en el tendido 10 maestrante viendo la despedida de Dávila Miura, lo intentó en todo momento. Un pinchazo y estocada (una oreja). Ignacio González, de marfil y oro, se mostró animoso con la capa e interpretó un quehacer muleteril valiente y con muchas ganas y ansias de agradar. El cordobés, felizmente recuperado de aquella gravísima cogida veraniega, se encontró con un eral manejable y con geniecito. Perfilero y con raza el novillero, se acopló más y mejor por el lado izquierdo. Acabó por circulares invertidos y manoletinas. Un pinchazo, estocada y descabello (dos orejas).
En el séptimo acto de la Clase Magistral, se corrió un añojo de la ganadería de Espartaco para el becerrista local José Manuel Salado, vestido de traje corto campero. Recibió firmemente a su enemigo a portagayola y, luego, dejó otras dos largas cambiadas más en el tercio para proseguir con quietud y sitio a la verónica. El añojo, grande de tamaño, fue también picado y resultó bravo y con clase en la franela del adolescente espartinero. Brindó a su maestro, Espartaco padre, una obra entonada y artista a los sones del pasodoble “Ópera flamenca”. Evolución positiva e importante la de este Salado, sobrino –creo- del alcalde, con respecto a sus dos discretas actuaciones durante el Bolsín del pasado julio. El temple y la muleta adelantada fueron el denominador común de su labor. Un trincherazo, al natural, surgió digno como para ser pintado en un cartel de toros. Cerró con airosas giraldillas y unos desplantes mirando al tendido. José Manuel parece que va, de nuevo, por el buen camino para ser torero... y eso me tranquiliza a mí y, sobre todo, a sus allegados. Ayer ligó con pureza y no electrizó su toreo como en ocasiones precedentes. Poquito a poco y haciendo camino al andar, este Salado puede funcionar en esto... Gran estocada y otra estocada desprendida (dos orejas y rabo). Al término de la función, José Manuel Salado, Ignacio González, José Luis Villalba y Fernández Pineda salieron a hombros por la Puerta Grande del precioso coso aljarafeño. Como notas negativas, la poca profesionalidad demostrada por los subalternos en las denostadas, feas y antirreglamentarias “ruedas de peones” con los animales moribundos. Y, además, ¿por qué los tercios de banderillas se limitan a un único par? Ay, si Curro Cúchares levantara la cabeza...
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