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LA CRÓNICA, de Antonio Ramos Calderón "CORTESANO", DE TORNAY, SE GANA LA VIDA EN LA MULETA PODEROSA DE DÁVILA MIURA
Endeble plaza de toros portátil de Aznalcázar (Sevilla), instalada en los terrenos de un campo de fútbol de albero a las afueras del pueblo aljarafeño, muy cerca de la carretera que comunica a Aznalcázar con Pilas, a las puertas del Parque Nacional de Doñana. Viernes, 8 de junio de 2007. Primer festival en homenaje al mítico José Sánchez del Campo “Cara-Ancha”, torero nacido en Algeciras y que fue alcalde y gran benefactor del municipio aznalcazareño. Festejo taurino con picadores con motivo de la Feria del Corpus de la localidad, organizado por la empresa Taurolorca y el Ayuntamiento local sin causa benéfica que se conociera. Con poco más de media plaza cubierta en tarde soleada, presidió el acontecimiento la Dama de Honor de las Fiestas del Corpus, vestida con mantilla blanca. El paseíllo, con todos los actuantes vestidos de tradicional traje corto campero, se inició con veinte minutos de retraso sobre el horario anunciado a los sones del pasodoble “Plaza de la Maestranza”. Se lidiaron seis novillos-toros de la ganadería de Don Manuel y Don Antonio Tornay, bien presentados y debidamente “tocados”, que desarrollaron un juego manejable y colaborador para los espadas, especialmente el duradero quinto que fue indultado antirreglamentariamente y volvió al camión de transporte.
Abrió el sexteto, tras una previa donde los diestros recibieron cada uno una placa de agradecimiento y de recuerdo por su participación en este pintoresco festival, un utrero con clase y flojito que correspondió al rejoneador jerezano Antonio Domecq. Actuación templada del rubio caballero en banderillas, citando de frente y dando siempre los pechos de los equinos. Destacó por su brillantez en el toreo a dos pistas y en un gran par a dos manos. Cerró su obra con tres cortas de color blanco por los adentros y, tras un rejonazo de muerte en los sótanos, cortó las dos orejas. Ortega Cano inauguró las lidias a pie ante un enemigo grandote y escaso de fuerzas al que dibujó tres verónicas de sabor añejo y una media colosal en el recibo capotero. Picotazo en el varilarguero y José se estira en un majestuoso quite a pies juntos a la verónica clásica ganando pasos hacia los medios. Luego José, tras brindar al pueblo, nos obsequió con un quehacer a media altura aprovechando la nobleza del animal donde sobresalieron los bonitos cambios de mano y un precioso afarolado. En algunos momentos de la faena, disfrutamos con su genuino toreo magistral de cintura acompasada. Estocada trasera y un descabello. Paseó las dos orejas y el rabo tras ¿un aviso? en premiosa y lenta vuelta al ruedo. Arrebatado saludo con la capa de Paco Ojeda al tercero, con el compás muy abierto intercaló verónicas con dos chicuelinas. Simulacro en varas de un novillo bondadoso, seriecito y no sobrado de energías, y brindis al público del sanluqueño, quien impuso su famosa tauromaquia de parón, ligazón y cercanías. Pies atornillados y circulares tirando del “tornay” hasta el final completo del muletazo, todo dentro de su revolucionario corte que tan popular le hiciera en los 80. Incluso se permitió el lujo de poner su sombrero de ala ancha sobre la testuz del bicho. Pinchazo, estocada trasera y dos descabellos. Dos orejas fueron a parar a sus manos. Pepe Luis Vázquez Silva, el hijo del Sócrates de San Bernardo, se topó con un cornúpeta guapo y encastadito al que le endilgó un puyazo largo en el montado. Nada reseñable con el percal, aunque eso sí esbozó unas verónicas en un quite. Sólo esbozos, oiga. En una tarde donde la presidencia se comió con papas el tercer par de palitroques, en este cuarto además cambió el tercio con sólo dos rehiletes sobre el lomo del bovino. ¡Vaya tela marinera! El hispalense profesor de escuela taurina llevó a cabo, en su línea eterna, un trasteo compuestito pero con mil precauciones en pases de pañosa retrasada y algún que otro kikirikí de su “repertorio”. Mi impresión personal y sincera: este hombre ya no está ni para festivales. Dos pinchazos y casi entera. Una oreja. Y en el quinto, llegó el suceso gracias a “Cortesano”, número 116, colorao de Hermanos Tornay, que se ganó la vida porque cayó en la templada muleta de un Eduardo Dávila Miura todavía en sazón activa de figura. Un “Cortesano” que cumplirá los cuatro años en septiembre, en la dehesa y pastando tranquilamente al lado de las hembras. Fue un astado fuerte de salida que animó al macareno a darle una larga cambiada de rodillas al hilo de los tableros. Voluntarioso Eduardo con el capote y desigual pelea en el piquero de su oponente. “Cortesano” llegó al último tercio bonancible y con el problema de las fuerzas justas, sin embargo el nieto miureño lo llevó con gusto y al ralentí mientras la reducida banda musical le interpretaba “su” magnífico pasodoble de Abel Moreno. Encandiló al público con un toreo largo rematado con obligados de pecho de pitón a rabo, todo perfectamente conjuntado por ambos pitones. Los ayudados por alto finales fueron mecidos, dignos de un torerazo con mayúsculas que hace apenas ocho meses abandonó la profesión. El “tornay” de la tarde aznalcazareña se fue afianzando en su interesante condición y fue a más en repetición y codicia. Hasta Ortega Cano, Paco Ojeda y Pepe Luis Vázquez pudieron comprobar con sus franelas rojas las óptimas características de la embestida de “Cortesano”, invitados por un Dávila Miura que se divirtió de lo lindó ayer sobre la arena. La petición del antirreglamentario indulto fue unánime por parte de los tendidos y, la vuelta al ruedo, triunfal e inaudita con los cuatro matadores de toros del cartel –y maestros- recogiendo las ovaciones y los parabienes de la afición. Habrá que modificar, digo yo, el artículo 60 del Nuevo Reglamento Taurino Andaluz, ¿verdad Sr. Soriano y Srta. Evangelina?... porque hay algo que no cuadra. El novillero Fernando del Toro se enfrentó al
último del encierro, ya casi de noche. Le correspondió en suerte la papeleta
de pechar con el utrero de mayor volumen y fortaleza, de procedencia “Núñez”,
que no fue óbice para que el sevillano demostrara su valía y futuro con unas
elegantes maneras en las verónicas de salutación. Con la muleta, se mostró
entregado y a la altura de las circunstancias mientras sonaba “Nerva”. Sin
embargo, anduvo bastante fallón con los aceros y la ausencia de focos en la
portátil fue un contratiempo que jugó en su contra. Le concedieron en la
anochecida las dos orejas… ¿o fue una sola? Habrá que preguntarles a los
artistas César Cadaval y José Manuel Soto, quienes estuvieron presenciando el
festival desde la última fila del recinto. Opina sobre este artículo en nuestro FORO DEL ALJARAFE Antonio Ramos Calderón |
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