Toros
   

LA CRÓNICA, de Antonio Ramos Calderón

DE PURO MILAGRO, EL II BOLSÍN TAURINO DE ESPARTINAS NO SE QUEDÓ DESIERTO EN LA CATEGORÍA DE AÑOJOS

Plaza de toros de Espartinas (Sevilla). Jueves, 19 de julio de 2007. III Feria del Toro y de la Luna. II Bolsín Taurino de Espartinas III Memorial María Regla Jiménez. Gran final de añojos en clase práctica sin picadores. Noche fresquita y poquito más de un cuarto de entrada. Por un problema con la ambulancia, el festejo se inicia con casi treinta minutos de retraso justificado. El coronel portugués Jose Henriques animó literariamente a los chavales desde el palco de la Puerta Grande, como prólogo al gran y esperado evento. Se lidiaron siete becerros de la ganadería de Eliseo Morán que, si no me equivoco –acepto encantado rectificaciones por parte del amigo Luismi Parrado-, presenta encaste Osborne y tiene procedencia Martín Lorca. Los ejemplares estuvieron bien presentados y desarrollaron un juego óptimo en líneas generales.

Abrió plaza Julio Martelo Venancio, de la Escuela de Portugal, de berenjena y oro, dos pinchazos, otro envainado saliendo trompicado, otro hondo y siete descabellos (vuelta al ruedo tras dos avisos y pasa a la enfermería con herida sangrienta en la boca). Brindó al público una faena de más a menos que denotó su verdura y sus ganas, a la misma vez. Sufrió dos desarmes ante un animal con mucho motor al que sólo le pusieron dos pares de frías en el segundo tercio. Un auténtico calvario con los aceros pasó el joven.

José Manuel Salado Beltrán, de la Escuela de Espartinas, de violeta y oro, un pinchazo, estocada tendida y otra entera en buen sitio (dos orejas tras aviso). En el anterior bovino desechó de hacer su quite pero, en el suyo, ganó terreno en el recibo capotero hasta los medios. El colorao ojo perdiz que le correspondió contuvo casta y el sobrino del alcalde municipal tardó en acoplarse en un trasteo que, a la postre, resultó un tanto deslavazado mientras sonaba “El gato montés”. Sin embargo, en su haber, reseñar que algunos naturales fueron meritorios a pesar de un desarme.

La otra cuota portuguesa de la clasificación la representó Joaquín Santos Ribeiro, de burdeos y azabache, siete pinchazos y el astado se echa (aplausos tras un aviso). Ante otro colorao ojo perdiz, bociblanco y botinero, le recetó una larga cambiada de rodillas al hilo de las tablas y puso banderillas, por decir algo, de forma calamitosa. Voluntariosas chicuelinas de Daniel Muñoz en su turno aprovechado de quites y brindis al Aljarafe del chavea lusitano, que principió su quehacer muleteril con ayudados por bajo calibrando la raza del bovino. Arrojo pero poco acierto, varios achuchones y desarmes, todo acompañado de ligereza de pies y del pasodoble “Amparito Roca”. Al final, acabó afianzándose más y mejor por el pitón diestro.

Daniel Muñoz Antúnez, de la Escuela de Camas, de rosa chicle y oro, seis pinchazos y media efectiva (una oreja tras aviso). Compuestas verónicas de saludo del discípulo de El Almendro, pero Borjita, por su parte, rehúsa de llevar a cabo su quite. Brindis al respetable y el cornúpeta llega a la franela un tanto rebrincado. El engominado lo sobó y llevó, haciéndole positivamente las cositas. El desarme cayó en el olvido porque, al natural, se estiró con gusto y garbo. Quiere ser un torero artista y con estética este Daniel Muñoz… esperemos que lo consiga.

Borja Jiménez Avecilla, de la Escuela de Espartaco padre, de blanco y oro, siete pinchazos y estocada atravesada (una oreja tras aviso). Inmensas verónicas, intercalando los pies juntos con el compás abierto, en la salutación con el percal. Fino remate con media y airosa revolera. Juan Cervera, en su turno, quitó por Chicuelo también. El finalista de La Algaba brindó a su localidad una obra impregnada de templados naturales y largos pases de pecho ante un enemigo noble y andarín. Parece ser que el menudo rubio sigue guardando mensaje en su tauromaquia particular interior de muñecas de seda. Epilogó con adornos y un hermoso pase de la firma. Borjita es un proyecto de futuro con consistencia que no debe quedarse en el camino porque, de otra manera, sería un rotundo fracaso imperdonable para la Escuela de Espartinas…

Juan Cervera Gibert, de la Escuela de Valencia, de violeta y oro, tres pinchazos y estocada (una oreja tras un aviso). Resultó “justo” –de justeza más que de justicia- ganador del certamen gracias a sus suaves trazos y elegancia con la pañosa roja ante un oponente colorao escaso de energías y sosón que había permitido, anteriormente, que “El Nieto” se ajustara a la verónica en su turno de quites. Brindó faena el levantino, de acompasada cintura, a un señor del callejón y dejó constancia luego de su serenidad, cadencia, buenas maneras y porte clásico. El respetable se comportó demasiado frío con él, aunque su inteligencia quedó patente sobre la arena. Desarme y bernadinas postreras.

El séptimo y último capítulo de la larga noche –tres horas de espectáculo- lo protagonizó Juan Antonio Ortega García “El Nieto”, también de la Escuela autóctona, de nazareno y oro, tres pinchazos y media (dos orejas). Lambreazos de nota con el capote, y el portugués de turno no realiza su correspondiente quite. Brindis del adolescente “Nieto” a los pocos espectadores que ya permanecían en el recinto y sorpresa general por su desparpajo y seguridad. Poderosos ayudados por bajo, naturales firmes, agallas y cierto pellizco. El “eliseo” fue colaborador hasta que finalizó cantando la gallina. El imberbe padeció, además, un par de volteretas sin consecuencias.

A la conclusión, “Nieto”, Salado y Borjita fueron sacados por sus amigos en hombros por la Puerta Grande. El veredicto del jurado determinó que, con 44,5 puntos, Daniel Muñoz era el tercer clasificado; José Manuel Salado, el segundo; y Juan Cervera Gibert, se llevaba el gato al agua y se aupaba con el primer puesto del “flojito” podio y se hacía acreedor del II Bolsín de la Luna y el Toro espartineros, llevándose así el presente portugués y un reluciente capote de paseo. Ahora bien, mi opinión personal es que, en vista de que ninguno de los aspirantes al éxito redondeó sus respectivas actuaciones –especialmente con la tizona-, el Bolsín perfectamente se podría haber considerado desierto y aquí paz y después, con los años, gloria…

 

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Antonio Ramos Calderón
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