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LA CRÓNICA, de Antonio Ramos Calderón SÓLO DOS PARES DE BANDERILLAS = LIDIA INCOMPLETA
Julio
Aparicio, nuevo en esta plaza, de nazareno y oro, estocada baja y cuatro
descabellos (silencio); estocada (una oreja) César
Girón, de azul eléctrico y oro, estocada un pelín trasera (una oreja); cuatro
pinchazos y estocada baja (ovación) Daniel
Luque, también debutante en la Monumental del Aljarafe, de espuma de mar y
plata, estocada trasera y dos descabellos (una oreja); un pinchazo y estocada
(una oreja) Cuatro
orejas y casi nada para el recuerdo. Es la conclusión y el sabor de boca que se
me quedó ayer al término del festejo espartinero. Vale, que Daniel Luque
abandonó el bello recinto a hombros de los capitalistas por la Puerta Grande
pero… ¿y qué? Su triunfo no cubre el expediente de una presidencia que se ha
apuntado definitivamente a la moda imperante de cambiar los tercios de
banderillas con sólo dos pares de palitroques. La fórmula equivalente del usía
local no varía ni un ápice, a pesar de que ayer estuvieron presentes las cámaras
del ente televisivo autonómico andaluz. No falla en su particular visión de la
tauromaquia y nos priva, con sólo dos pares y su pañuelo veloz, de que los
aficionados podamos disfrutar y asistir a una lidia completa e íntegra. Bueno,
y por no hablar del monopuyazo o del monopicotazo en el tercio de varas, aspecto
común en todas las plazas de tercera categoría de nuestro país. Estos vicios
y manías ya se han impuesto por decreto y, a este paso, vislumbro que no
llegaremos muy lejos con estas súplicas porque no hay nadie que se plante y
remedie el entuerto de intereses. Siempre se repite la misma historia. Julito
Aparicio, ante su berrendo y bizco primero al que cuidó en el caballo, anduvo
desconfiado y sin emplearse con la muleta, macheteando por la cara –en el
doble sentido de la expresión- sin más amor propio ni voluntad. Con el cuarto,
negro y bizquito también, sufrió un desarme con el capote y se vino de ánimo
un poco más arriba durante la faena. La nobleza clara del animal propició que
el madrileño-sevillano de los ojos verdes ejecutara un trasteo lleno de
chispazos y detalles de su gusto. Eso sí, la continuidad brilló por su
ausencia porque los fogonazos de arte no llegaron a la explosión de júbilo y
emoción que, por otra parte, tampoco esperábamos ya a estas alturas de la película
de su decrépita carrera. César
Girón demostró buen aire a la verónica en el saludo al segundo de la tarde, cómodo
de defensas y enrazadito. Luego, dibujó un quite variado de dos tafalleras, una
chicuelina y revolera. Su quehacer muleteril a los sones de “Plaza de la
Maestranza” contuvo estimables derechazos y naturales firmes y largos, hasta
que la obra se vino un poco abajo tras un feo desarme. En el quinto, un berrendo
grandón y con trapío pero de poco fuelle, el hijo de Antonio Ignacio Vargas y
nieto del mítico César venezolano, insistió en la busca de un lucimiento casi
imposible por la poca trascendencia de su oponente. Daniel
Luque compuso la figura en unas verónicas de recibo al tercero, primero de su
lote, donde además dejó tres garbosos remates. Negro y serio el burel, fue
picado muy trasero y llegó a la franela del de Gerena moviéndose y con
posibilidades. El pupilo de Taurotoro se mostró entregado y dispuesto,
extrayendo series meritorias por ambos pitones y adornándose con alegría a los
sones del pasodoble “La Puerta Grande”. En el salpicado y chorreadito sexto,
se estiró otra vez con la capa en un farol de rodillas y en verónicas
encajadas ganando terreno hasta los medios. La media de broche fue notable. El
astado de Jódar y Ruchena que cerró el espectáculo, con las fuerzas justas,
derribó con aparatosidad al picador y a su equino y berreó en los rehiletes.
Un quite a la verónica de Luque con temple y media acompasada determinaron el
excelente juego de brazos del antiguo discípulo de Tomás Campuzano. Pero, con
la pañosa roja, esperábamos mucho más de esta joven promesa que colma de
ilusiones a la afición sevillana. Brindó al público una faenita aceleradilla
y mecánica, de poco poso y reposo, derrochando su bisoñez a pesar de haber
recorrido España y parte de América y Francia en los tres últimos años como
novillero, con parada brusca “transitoria” en el escándalo de Tamames de
2006. “Nerva” acompañó una labor donde abusó de ahogar las acometidas de
su enemigo, dando a entender que tendrá que madurar todavía bastante delante
del de los rizos de cuatro años para llegar con ciertas garantías y preparación
a los compromisos de mayor responsabilidad y rango con perspectiva a la
temporada futura de 2008. Echémosle comprensión al asunto dado que, Daniel
Luque, digamos que aún camina en fase de rodaje y su entorno nunca ha sido el más
adecuado. Fotografía
de Iván López "Matito"
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