Toros
   

LA CRÓNICA, de Antonio Ramos Calderón

SÓLO DOS PARES DE BANDERILLAS = LIDIA INCOMPLETA

Plaza de toros de Espartinas (Sevilla). Viernes, 7 de septiembre de 2007. Feria y Fiestas patronales en honor a la Virgen de Loreto. Corrida de toros televisada en diferido por Canal Sur. Tarde agradable con rachas de viento que no molestaron en exceso a los actuantes. Bonito ambiente y más de medio aforo cubierto por un público expectante. Se corrieron seis ejemplares de la ganadería utrerana de Jódar y Ruchena, propiedad del rejoneador maestrante y aristócrata hispalense Don Luis Valdenebro, que estuvieron bien presentados y desarrollaron un juego manejable en líneas generales y con algunos matices. El peor fue el quinto, vacío de clase y pitado en el arrastre. El resto resultó aplaudido en su camino hacia el desolladero en el tiro de mulas.

Julio Aparicio, nuevo en esta plaza, de nazareno y oro, estocada baja y cuatro descabellos (silencio); estocada (una oreja)

César Girón, de azul eléctrico y oro, estocada un pelín trasera (una oreja); cuatro pinchazos y estocada baja (ovación)

Daniel Luque, también debutante en la Monumental del Aljarafe, de espuma de mar y plata, estocada trasera y dos descabellos (una oreja); un pinchazo y estocada (una oreja)

Cuatro orejas y casi nada para el recuerdo. Es la conclusión y el sabor de boca que se me quedó ayer al término del festejo espartinero. Vale, que Daniel Luque abandonó el bello recinto a hombros de los capitalistas por la Puerta Grande pero… ¿y qué? Su triunfo no cubre el expediente de una presidencia que se ha apuntado definitivamente a la moda imperante de cambiar los tercios de banderillas con sólo dos pares de palitroques. La fórmula equivalente del usía local no varía ni un ápice, a pesar de que ayer estuvieron presentes las cámaras del ente televisivo autonómico andaluz. No falla en su particular visión de la tauromaquia y nos priva, con sólo dos pares y su pañuelo veloz, de que los aficionados podamos disfrutar y asistir a una lidia completa e íntegra. Bueno, y por no hablar del monopuyazo o del monopicotazo en el tercio de varas, aspecto común en todas las plazas de tercera categoría de nuestro país. Estos vicios y manías ya se han impuesto por decreto y, a este paso, vislumbro que no llegaremos muy lejos con estas súplicas porque no hay nadie que se plante y remedie el entuerto de intereses. Siempre se repite la misma historia.

Julito Aparicio, ante su berrendo y bizco primero al que cuidó en el caballo, anduvo desconfiado y sin emplearse con la muleta, macheteando por la cara –en el doble sentido de la expresión- sin más amor propio ni voluntad. Con el cuarto, negro y bizquito también, sufrió un desarme con el capote y se vino de ánimo un poco más arriba durante la faena. La nobleza clara del animal propició que el madrileño-sevillano de los ojos verdes ejecutara un trasteo lleno de chispazos y detalles de su gusto. Eso sí, la continuidad brilló por su ausencia porque los fogonazos de arte no llegaron a la explosión de júbilo y emoción que, por otra parte, tampoco esperábamos ya a estas alturas de la película de su decrépita carrera.

César Girón demostró buen aire a la verónica en el saludo al segundo de la tarde, cómodo de defensas y enrazadito. Luego, dibujó un quite variado de dos tafalleras, una chicuelina y revolera. Su quehacer muleteril a los sones de “Plaza de la Maestranza” contuvo estimables derechazos y naturales firmes y largos, hasta que la obra se vino un poco abajo tras un feo desarme. En el quinto, un berrendo grandón y con trapío pero de poco fuelle, el hijo de Antonio Ignacio Vargas y nieto del mítico César venezolano, insistió en la busca de un lucimiento casi imposible por la poca trascendencia de su oponente.

Daniel Luque compuso la figura en unas verónicas de recibo al tercero, primero de su lote, donde además dejó tres garbosos remates. Negro y serio el burel, fue picado muy trasero y llegó a la franela del de Gerena moviéndose y con posibilidades. El pupilo de Taurotoro se mostró entregado y dispuesto, extrayendo series meritorias por ambos pitones y adornándose con alegría a los sones del pasodoble “La Puerta Grande”. En el salpicado y chorreadito sexto, se estiró otra vez con la capa en un farol de rodillas y en verónicas encajadas ganando terreno hasta los medios. La media de broche fue notable. El astado de Jódar y Ruchena que cerró el espectáculo, con las fuerzas justas, derribó con aparatosidad al picador y a su equino y berreó en los rehiletes. Un quite a la verónica de Luque con temple y media acompasada determinaron el excelente juego de brazos del antiguo discípulo de Tomás Campuzano. Pero, con la pañosa roja, esperábamos mucho más de esta joven promesa que colma de ilusiones a la afición sevillana. Brindó al público una faenita aceleradilla y mecánica, de poco poso y reposo, derrochando su bisoñez a pesar de haber recorrido España y parte de América y Francia en los tres últimos años como novillero, con parada brusca “transitoria” en el escándalo de Tamames de 2006. “Nerva” acompañó una labor donde abusó de ahogar las acometidas de su enemigo, dando a entender que tendrá que madurar todavía bastante delante del de los rizos de cuatro años para llegar con ciertas garantías y preparación a los compromisos de mayor responsabilidad y rango con perspectiva a la temporada futura de 2008. Echémosle comprensión al asunto dado que, Daniel Luque, digamos que aún camina en fase de rodaje y su entorno nunca ha sido el más adecuado.

Fotografía de Iván López "Matito"

 

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Antonio Ramos Calderón
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