Toros
   

LA CRÓNICA, de Antonio Ramos Calderón

LLUVIA DE TROFEOS E INDULTO DE UN SALDO DE SAMUEL FLORES EN ESPARTINAS

Plaza de toros de Espartinas (Sevilla). Domingo, 14 de octubre de 2007. Feria Sabor Aljarafe. Festival a favor de la Asociación de Familias Numerosas. Más de un tercio del aforo cubierto en mañana nublada y fresquita. Último festejo taurino de la presente y casi acabada temporada en la Monumental del Aljarafe. Con todos los actuantes vestidos impecablemente de traje corto campero, se lidiaron cinco novillos de Buenavista y un toro, en sexto lugar, de Don Samuel Flores, todos debida y reglamentariamente despuntados –y algunos mal afeitados-. El primero,  fuertecito, dócil y con movilidad; el segundo, grandón, rebrincado y justo de raza; el tercero, cómodo de presencia y con recorrido y noble tranco; el cuarto, altón, escarbador y un pelín tardo pero con interesante fondo  de casta; el quinto, amoruchado y escurrido de presentación, pero pronto y alegre de comportamiento; y el sexto, un cinqueño de Don Samuel Flores, muy bizco, deformado y defectuoso de defensas, fue indultado por su juego pastueño y bobalicón. Este burel se llama “Escribanejo”, estaba marcado con el número 75 y nació en octubre de 2002. El indulto fue concedido con escaso criterio presidencial, a pesar de la mayoritaria petición del público. Si el ganadero de “El Palomar” tiene que sustentar y apuntalar sus futuras camadas con este semental, va a poner en grave riesgo a sus reatas… sólo digo eso. En cuanto a los cinco utreros de Doña Clotilde Calvo restantes, en general fueron manejables, incluso al primero le dieron la vuelta al ruedo en el arrastre y el tercero y el  quinto resultaron aplaudidos.

Francisco Ruiz Miguel, estocada tendidilla (dos orejas y rabo), debutante en este coso, veroniqueó con empaque y gusto y dio infinidad de remates con medias y dos revoleras en el saludo. Brindó una labor muleteril a Suárez Illana donde ejecutó dominadores ayudados por bajo de inicio con planta genuflexa, para proseguir luego con ganas y templanza por ambas manos. Aplicó su técnica y magisterio, demostrando facultades y adornándose con circulares invertidos y un martinete airoso. Durante las giraldillas finales, el respetable levemente solicitó el indulto del novillo al que el presidente, casi de milagro, no accedió. Aunque faltó poquísimo para que así fuera…

Víctor Mendes, dos pinchazos, media estocada y un descabello (un oreja), nuevo en Espartinas, dio verónicas destacadamente sueltas en el recibo con bonita media. Galleó por chicuelinas para llevar a su oponente  al picador y quitó por delantales abrochados con una serpentina. El  maestro portugués, además, compartió banderillas con Padilla en un tercio de sólo dos pares, como en el transcurso de toda la mañana. Sobre este albero parece que está “prohibido” colocar un tercer par de rehiletes porque se da el “tararí” de forma sistemática siempre, independientemente de las condiciones de los animales. Lidia incompleta, señores, es la moda… El antiguo protegido de Gonzalito brindó su trasteo a sus cinco compañeros de cartel y dibujó estimables derechazos y naturales ante quizá el animal menos colaborador de la matinal. Aun así constó su suficiencia y solvencia a los sones de “Chiclanera”.

Juan José Padilla, estocada que provoca rojo derrame (dos orejas y rabo), también debutante en esta plaza, lanceó a pies juntos en la salutación tras dos largas cambiadas de rodillas al hilo de las tablas. La revolera de remate la realizó con el envés de la capa. Lucidamente, galleó de frente por detrás para dejar a su enemigo en suerte de varas. El jerezano esta vez invitó a los palitroques a su predecesor Víctor Mendes, quien lo hizo con su brillantez y clasicismo habituales. El ciclón de las patillas, sin embargo, apostó por la espectacularidad como nos tiene acostumbrados en esta bella suerte. Brindó a su amigo Suárez Illana un vibrante principio de faena con una serie diestra completamente de hinojos citando desde los medios. Las tandas, de excelente trazo por ambos pitones, contuvieron largura y mando. Finalizó con abaniqueos y más rodillazos de cara a la galería.

Eduardo Dávila Miura, estocada baja y un golpe de verduguillo (dos orejas), quien este mismo año había indultado un novillo de Tornay –“Cortesano” de nombre”- en un festival en Aznalcázar (Sevilla), llegó con deseos de agradar a la afición espartinera. Sus verónicas fueron sentidas y de compás abierto en el recibimiento, como sentimiento poseyó el brindis que realizó a su familia –esposa e hijas- presente en una barrera de sol. “Ópera flamenca” acompañó los derechazos tersos del macareno, a pesar de un feo desarme, y los circulares invertidos en los que tiró del “buenavista”. Con la zocata, el acoplamiento se minorizó.

Agustín de Espartinas, estocada trasera y desprendida que arroja derrame (dos orejas y rabo), fue desarmado con el capote y brindó a su pueblo un prólogo de obra muletera con torería en ayudados por bajo donde sobresalió un cambio de mano sensacional. La banda de música interpretó “Nerva” y el muchacho, de buenas actuaciones en Madrid y en Sevilla este año, acompasó su cintura en naturales extraordinarios cerrados con algunos pases pectorales interminables. Con suavidad también en el planteamiento diestro, dos desarmes y unas postrimerías más embarulladas consiguieron que el cotarro se viniera un poco a menos. De todas maneras, apunten su concepción del toreo porque merece la pena seguir viéndolo y esperándolo…

Y llegamos al “numerito” del sexto, inaugurado por un subalterno de Adolfo Suárez Illana que le paró el destartalado y aburrado toro de Don Samuel al aficionado práctico quien, al parecer, decía adiós a su “hobby”. El abogado y político se mostró medroso y desconfiado con el percal y, se topó con un “bicho” que manseó y flojeó bajo el montado varilarguero en un único puyazo. Todos los bovinos mañaneros entraron sólo una vez al equino. Simulacro de suerte de varas al canto, como era de esperar, y picotazos que ni para un análisis. Comportamiento extraño con berreos acordándose de la señora vaca madre y síntomas de cuartos delanteros derrengados durante las frías en el cornúpeta. En estos acontecimientos, el hijo del ex presidente del gobierno por UCD brinda su último quehacer a todos los participantes del festejo benéfico –incluidos a los banderilleros pero no a los del castoreño-. Los comienzos abundaron en ligereza de pies y en adornos pintureros de escaso ajuste y compromiso.

Luego, se vino arriba el asunto y aquello aumentó en intensidad gracias a la creciente entrega de ambos contendientes. Surgieron los adornos templados y serenos y Adolfo se entretuvo en llevar a cabo pases de casi todas las marcas y firmas, tanto por bajo como por alto. Digamos que acabó gustándose y encandilando a los espectadores, que habían pagado algunos veinticinco euros –la entrada más barata, por cierto- para ver un fin de temporada en Espartinas poco edificante para La Fiesta cuando el usía sacó un pañuelo naranja que apenas podía esconder el preocupante matiz folclórico y tomatero que está adquiriendo nuestra vilipendiada y atacada tauromaquia en los últimos tiempos… Con estas chinitas que ponemos en el camino, pronto nos sumergiremos en una situación parecida a la de la vecina Lusitania. La casta del toro bravo de lidia, paniaguada, y Adolfito, emocionado y satisfecho, a hombros de sus aliados por la Puerta Grande paseando dos orejas y rabo simbólicos. ¿Todos felices y contentos? Espero que no, porque a mí, al menos, estos rebuscados hechos me hacen reflexionar y recapacitar muchas cosas…

    

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Antonio Ramos Calderón
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