|
|
||||||||
|
LA CRÓNICA, de Antonio Ramos Calderón LLUVIA DE TROFEOS E INDULTO DE UN SALDO DE SAMUEL FLORES EN ESPARTINASPlaza de toros de Espartinas
(Sevilla). Domingo, 14 de octubre de 2007. Feria Sabor Aljarafe. Festival a
favor de la Asociación de Familias Numerosas. Más de un tercio del aforo
cubierto en mañana nublada y Francisco Ruiz Miguel, estocada
tendidilla (dos orejas y rabo), Víctor Mendes, dos pinchazos, media estocada y un descabello (un oreja), nuevo en Espartinas, dio verónicas destacadamente sueltas en el recibo con bonita media. Galleó por chicuelinas para llevar a su oponente al picador y quitó por delantales abrochados con una serpentina. El maestro portugués, además, compartió banderillas con Padilla en un tercio de sólo dos pares, como en el transcurso de toda la mañana. Sobre este albero parece que está “prohibido” colocar un tercer par de rehiletes porque se da el “tararí” de forma sistemática siempre, independientemente de las condiciones de los animales. Lidia incompleta, señores, es la moda… El antiguo protegido de Gonzalito brindó su trasteo a sus cinco compañeros de cartel y dibujó estimables derechazos y naturales ante quizá el animal menos colaborador de la matinal. Aun así constó su suficiencia y solvencia a los sones de “Chiclanera”. Juan José Padilla, estocada que
provoca rojo derrame (dos orejas y rabo), también debutante en esta plaza,
lanceó a pies juntos en la salutación tras dos largas cambiadas de rodillas al
hilo de las tablas. La revolera de remate la realizó con el envés de la capa.
Lucidamente, galleó Eduardo Dávila Miura, estocada baja y un golpe de verduguillo (dos orejas), quien este mismo año había indultado un novillo de Tornay –“Cortesano” de nombre”- en un festival en Aznalcázar (Sevilla), llegó con deseos de agradar a la afición espartinera. Sus verónicas fueron sentidas y de compás abierto en el recibimiento, como sentimiento poseyó el brindis que realizó a su familia –esposa e hijas- presente en una barrera de sol. “Ópera flamenca” acompañó los derechazos tersos del macareno, a pesar de un feo desarme, y los circulares invertidos en los que tiró del “buenavista”. Con la zocata, el acoplamiento se minorizó. Agustín de Espartinas, estocada
trasera y desprendida que arroja derrame (dos orejas y rabo), fue desarmado con
el capote y brindó a su pueblo Y llegamos al “numerito” del sexto, inaugurado por un subalterno de Adolfo Suárez Illana que le paró el destartalado y aburrado toro de Don Samuel al aficionado práctico quien, al parecer, decía adiós a su “hobby”. El abogado y político se mostró medroso y desconfiado con el percal y, se topó con un “bicho” que manseó y flojeó bajo el montado varilarguero en un único puyazo. Todos los bovinos mañaneros entraron sólo una vez al equino. Simulacro de suerte de varas al canto, como era de esperar, y picotazos que ni para un análisis. Comportamiento extraño con berreos acordándose de la señora vaca madre y síntomas de cuartos delanteros derrengados durante las frías en el cornúpeta. En estos acontecimientos, el hijo del ex presidente del gobierno por UCD brinda su último quehacer a todos los participantes del festejo benéfico –incluidos a los banderilleros pero no a los del castoreño-. Los comienzos abundaron en ligereza de pies y en adornos pintureros de escaso ajuste y compromiso. Luego, se vino arriba el asunto y
aquello aumentó en intensidad gracias a la creciente entrega de ambos
contendientes. Surgieron los adornos templados y serenos y Adolfo se entretuvo
en llevar a cabo pases de casi todas las marcas y firmas, tanto por bajo como
por alto. Digamos que acabó gustándose y encandilando a los espectadores, que
habían pagado algunos veinticinco euros –la entrada más barata, por cierto-
para ver un fin de temporada en Espartinas poco edificante para La Fiesta cuando
el usía sacó un pañuelo naranja que apenas podía esconder el preocupante
matiz folclórico y tomatero que está adquiriendo nuestra vilipendiada y
atacada tauromaquia en los últimos tiempos… Con estas chinitas que ponemos en
el camino, pronto nos sumergiremos en una situación parecida a la de la vecina
Lusitania. La casta del toro bravo de lidia, paniaguada, y Adolfito, emocionado
y satisfecho, a hombros de sus aliados por la Puerta Grande paseando dos orejas
y rabo simbólicos. ¿Todos felices y contentos? Espero que no, porque a mí, al
menos, estos rebuscados hechos me hacen reflexionar y recapacitar muchas
cosas… Opina sobre este artículo en nuestro FORO DEL ALJARAFE Antonio Ramos Calderón |
|||||||||
|
|||||||||