Toros
   

LA CRÓNICA, de Antonio Ramos Calderón

LA INTELIGENCIA DE TOMASITO BRILLÓ CON LUZ PROPIA EN ESPARTINAS

Plaza de toros de Espartinas (Sevilla). Domingo, 9 de marzo de 2008. Planeta Toro, II Feria del Toro Bravo y su Medio Ambiente. Día de las elecciones gubernamentales y mañana de pregón de Antonio Burgos en el atril cofradiero del Maestranza. Matinal soleada y de agradable temperatura, aunque se levantara frío al final. Sólo un cuarto del aforo cubierto –entradas caras-. Novillada sin picadores con la disputa del XII Trofeo de la Oreja de Oro de la revista portuguesa Novo Burladero (era la primera vez que el certamen se decidía en España). El paseíllo rompió con diez minutos de retraso y se corrieron seis erales de la ganadería de Gabriel Rojas, bien presentados y de juego desigual. Todos los ejemplares saltaron a la arena sin divisa. El primero, noble y muy franco, fue el mejor del encierro; el segundo, colaborador; el tercero, distraído y manso pero dejándose; el cuarto, con picante y castita pero escarbador; el quinto, bonancible; y el sexto, berreón y rajado, cantó la gallina demasiado pronto. Primero y segundo fueron aplaudidos en el arrastre tirados por las mulas, el resto resultó silenciado.

Abrió plaza el alumno espartinero, natural de La Puebla de Cazalla (Sevilla), Francisco Javier Ortiz Suárez, de verde esperanza y oro, estocada y dos descabellos (una oreja). Ante un colorado ojo de perdiz que le desarmó el capote en el recibo y destapó la impericia de su cuadrilla acompañante, brindó al público unos derechazos tersos y mandones de buen concepto. Al natural, ligó y bajó la mano, desarrollando un conjunto bastante compuesto de faena. El hijo del picador Diego Ortiz cerró por manoletinas.

André Rocha, portugués de Vila Franca de Xira, de rosa claro y oro, estocada defectuosa (dos orejas). Quitó lucidamente por gaoneras en el eral anterior y le endilgó una larga cambiada de rodillas al hilo de los tableros al suyo, un negro listón, de salida. Luego, prosiguió con acompasadas verónicas rematadas con dos arrebujadas medias y un arabesco a una mano, muy torero. Tomasito, en su turno, ejecutó un quite variado y vistoso sacándose el percal por la espalda. El luso Rocha cogió los palos y banderilleó con decisión y escasa suerte, ya que no midió con precisión el tempo a la hora de los embroques. Aún así, destacó en un par al quiebro con exposición. Después brindó a un señor con sombrero del callejón y siguió entonado con la franela. Sin embargo, abusó de citar con el engaño retrasado y pecó quizá de cierto encorsetamiento. Sobresalieron sus pases por alto y ayudados.

Tomasito, de Arles (Francia), de verde agua y oro, estocada tendida y traserilla y dos descabellos (una oreja). Con otro colorado ojo de perdiz, dibujó algunos lances de nota a pies juntos en la salutación capotera. Sus subalternos, simplemente inoperantes. Tomás, el otro chaval galo del cartel, quitó voluntarioso a la verónica en su lugar. Tomasito brindó al respetable una labor muletera técnica y muy consciente, iniciada con templados ayudados por bajo de planta genuflexa. Preparadísimo, tiró con gusto por ambos pitones ante un material con complicaciones que él, con su inteligencia y serenidad, supo tapar. Corrió la mano suavemente y movió la muñeca con frescura y saber estar. Grata impresión me dio esta incipiente promesa venida del Sur francés. En condiciones normales de justicia y objetividad, hubiera sido el más que digno ganador de la Oreja de Oro en juego. Por lo visto en Espartinas, parece ser que los Castella y Bautista no van a estar solos en los próximos años en el país de Sarkozy, taurinamente hablando me refiero por supuesto. Apunten en sus agendas para el futuro el nombre de Tomasito, oriundo de Arles.

Tomás, de Nimes, de azul cielo y oro, un pinchazo y estocada caída (una oreja). Le correspondió en suerte un negro listón “gabrielón”, seriecito, mal lidiado por los subalternos de turno, que en general dejaron bastante que desear durante toda la mañana. Buen aire a la verónica del francés. Javier Jiménez quitó por delantales con desarme incluido. El trasteo con la pañosa roja por parte del nimeño Tomás fue de menos a más. Aperreadillo y un poco a remolque de la acometividad del violento astado al principio y, con mayor acoplamiento en las postrimerías, donde pudimos apreciar su valentía e interesante aplomo a los sones del bello pasodoble coplero “Chiclanera”. Tres desarmes y un descuido peligroso a la hora de perfilarse para entrar a matar hay que reseñarlos en su debe.

Javier Jiménez, de teja y oro viejo, estocada perdiendo la muleta (dos orejas). Sin montera pisó el albero ante un negro listón, marcado con el 56 en los costillares, con el cual no logró estirarse con el percal. Paco Velásquez quitó por chicuelinas graciosas rematadas con revolera. El presidente cambió el tercio rehiletero con un par porque el cornúpeta había sufrido varios volatines durante la lidia. El joven rubio dedicó a su pueblo espartinero, donde es teniente de alcalde su padre, una obra afanosa donde buscó la quietud por ambos lados. Un desarme no fue óbice para que la banda interpretara “Ópera flamenca”. Quizá más denso que en otras actuaciones anteriores en este mismo coso, epilogó por manoletinas que debieron gustar muchísimo a los integrantes de Novo Burladero porque, final y sorprendentemente, le concedieron el “prestigioso” y codiciado galardón áureo. Igual desde el palco se ven diferentes las cosas y los de tribuna tenemos otra perspectiva para enjuiciar y verificar a los más merecedores de llevarse el gato al agua... Ellos sabrán. Por cierto, Javier Jiménez también consiguió vencer en la XI edición de este certamen lusitano la temporada pasada y, por tanto, repetía “triunfo”.

Paco Velásquez, portugués que entrena en la Escuela Taurina de Espartinas, de purísima y oro, debutaba ante bovinos de dos años cumplidos, pinchazo y casi entera (una orejita). Sin montera, como su amigo Javier, que es molesta y pesa mucho, ¿verdad?, derrochó ganas con la capa ante el último del espectáculo, un negro listón abanto de salida. Quite por tafalleras de Francisco Javier Ortiz en su cupo y cambio de tercio con dos pares. Paquito, como le llaman cariñosamente, brindó a un señor del tendido y prologó, lienzo rojo en mano, unos esperanzadores estatuarios. Sin embargo, luego estuvo verde y sin ideas ante los problemas que le planteó el “bicho”. Apenas pudo componer algunos muletazos, viniéndole un poco grande el compromiso. Espartaco padre se desgañitó con él desde el callejón. Habrá que seguir trabajando con estos “toreritos”, maestro y padre del gran maestro de los 80 y 90.

Tras dos horas y veinticinco minutos de festejo, André Rocha y Javier Jiménez abandonaron la Monumental del Aljarafe a hombros por la Puerta Grande. Ahora bien, entre los aficionados y habituales a este coquetísimo recinto, quedó un sabor agridulce de boca porque la “pelotera” decisión tomada por el jurado dejó un dudoso veredicto, a todas las de la ley, injusto y desagradable. Desgraciadamente la Oreja de Oro 2008 destila un hedor a intereses creados, a diplomacia y a lo políticamente correcto. Javier Jiménez, el ganador, no tiene culpa de nada. Francisco Javier Ortiz, por su parte, se fue refunfuñando hacia el patio de cuadrillas, desde luego era para estar enfadado por tan desequilibrada puntuación. De todas formas, la carrera de cada uno de los novilleros será larga y quizá para Tomasito, con el paso del tiempo, su participación en el trofeo de Novo Burladero quedará en una mera anécdota. En definitiva y en conclusión, con todo el dolor de mi corazón por lo que defiendo mi Espartinas taurina continuamente, no tengo más remedio que decir que Planeta Toro se convirtió, en este caso, en “Planeta Tongo”... y con olor a pucherazo portugués.
 
 

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Antonio Ramos Calderón
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